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EL BLOG DE PEDRO

La Mancha más moderna

                            

Quercus 2002
Bodegas: Fontana
D.O.: Vino de la tierra
Tipo: Tinto

En los escasos nueve años transcurridos desde su creación, las bodegas Fontana se han convertido en un exponente de los vinos de calidad y de corte moderno que se elaboran en Castilla-La Mancha, inmersa desde hace años en una revolución vinícola. Es más, sus fundadores, los hermanos Jesús y Ana Cantarero, representan una nueva perspectiva para el tinto procedente de esta región al mando de una de las casas que ha modernizado el vino de la zona, con el apoyo desde 2003 del chileno Rodrigo Espinosa, al frente del equipo técnico. Bajo su dirección prosigue el desarrollo de un proyecto ambicioso cuyo mejor exponente es la elaboración de unos vinos complejos, estructurados y sabrosos, con la variedad tempranillo como protagonista.

Los viñedos de las bodegas Fontana se extienden por tierras de la Mancha, entre las provincias de Cuenca y de Toledo. Todos ellos se cultivan en espalderas y con una plantación media de entre 1.500 y 2.000 cepas por hectárea.

Las uvas de la variedad tempranillo del Quercus 2002 proceden de un viñedo de más de cuarenta años emplazado en el Monte Carnero. Mucha altura y buen drenaje son las características del suelo, de tierra arenosa y donde se consigue que la uva madure en toda su plenitud de color, aromas y sabor. La maceración se realiza con el sistema tradicional de remontado durante treinta días antes de una estancia en barrica nueva de roble americano durante quince meses.

Con un color rojo picota madura con menisco violáceo, profundo y brillante, el Quercus 2002 es franco y complejo en nariz, con leves pero elegantes aromas a fruta madura y mineral, con un cuero fino y delicado y cierto matiz mentolado. En boca es pleno y redondo evocando maderas elegantes como el cedro y con un recuerdo láctico, a yogur, en el retrogusto que es largo y permanente.

Precio: 28,95 euros.

LAS TEORIAS "CONSPIRATIVAS" DEL PP SOBRE EL 11-M

Un producto para matar cucarachas es la conexión entre el 11-M y ETA. Un día después de que 10 partidos emplazaran al PP a dejar de "manipular" al Parlamento con el 11-M, los populares resucitaron ayer el fantasma del supuesto vínculo entre ETA y la masacre. Para ello tomaron como base "elucubraciones sin fundamento", según la Comisaría General de Policía Científica, de tres peritos químicos que analizaron varias muestras de un insecticida para cucarachas hallado a finales de 2004 en la casa de un dirigente del Grupo Islámico Combatiente Marroquí. La clave es que es el mismo producto que se encontró tres años antes en un piso franco de ETA.

ACTA DE REGISTRO DEL PISO DE ETA

Los policías que registraron un piso franco de ETA de Salamanca en 2001 hallaron armas y explosivos en el salón de la vivienda de los etarras, presos desde 2001.

UN TUPERWARE CON POLVO BLANCO

El acta del registro de Salamanca, firmado por policías de Valladolid y Salamanca, explica cómo un tuper con ácido bórico mezclado con pelos estaba en el baño.

"PARA MATAR CUCARACHAS"

Tres años después, la policía encontró ácido bórico en la casa de un dirigente del Grupo Islámico Combatiente Marroquí en Lanzarote. El acta levantado el 17 de diciembre de 2004 explica que los habitantes de la casa usaban el ácido bórico "para matar cucarachas".

"NUMEROSOS PELOS"

Este documento es la petición de análisis del ácido bórico hallado en el baño de los etarras, "con numerosos pelos". Había un kilo, la cantidad de la bolsa más comercial de Cofarcas.

PUBLICIDAD HISTORICA Y SOLIDARIA

Laporta presenta en Nueva York la camiseta del Barça con el logotipo de Unicef.

La directora ejecutiva de Unicef, Ann Margaret Veneman, y el presidente del Barcelona, Joan Laporta, han comparecido ante los medios en la sede de la ONU en Nueva York para presentar la nueva equipación del Barça para esta temporada, que, por primera vez en sus 107 años de historia, lucirá publicidad. Pero no de una marca comercial, sino de la agencia de Naciones Unidas para la protección de la infancia. Las nuevas camisetas serán estrenadas por el Barcelona el próximo martes en el partido de la primera jornada de la Liga de Campeones ante el Levski Sofía en el Camp Nou, en un acto histórico que también se recordará por haber sido el día en que el himno del Barça sonó en la sede de la ONU en Nueva York. 

España se proclama campeona en una final épica

 

                                         

La selección española de baloncesto ha derradado lágrimas de alegría antes de la bocina en el Saitama Green Arena de Japón, lágrimas de campeón del mundo a costa de Grecia, el campeón de Europa, que ha capitulado ante la más grande España que se haya visto y que, de paso, ha sacado el pasaporte para los Juegos Olímpicos de Pekín 2006. Así, la selección se ha proclamado campeona del mundo por primera vez en su historia tras vapulear a Grecia por 47-70. Y todo a pesar de no poder contar con Pau Gasol, baja por lesión.

Impresionante. Demoledora. Ambiciosa. Enorme. Campeona. Baloncesto total para la gesta más grande de la historia de la canasta nacional. De Los Angeles'84 a Saitama 2006. De Corbalán, Martín, Llorente y compañía a Calderón, Garbajosa, Reyes, Pau Gasol -aunque en el banco- y demás. Del cielo a la gloria. La selección española de José Vicente Hernández ha pasado por encima del actual campeón de Europa con un juego de manual. Una final perfecta, una noche de ensueño para situar el baloncesto de casa al frente del planeta basket. España lo ha bordado. Sin Pau, pero con Marc; sin partir como favorita en los pronósticos, pero como lo que es, como el mejor equipo del orbe.

Desde el primer hasta el último jugador; desde Hernández hasta el último de sus ayudantes; todos los miembros de esta familia que forma la selección han buscado la gloria con el corazón, aunque sin perder nunca la cabeza. Al revés, han ejecutado un plan táctico de libro con una frialdad pasmosa. Parecía lo más fácil del mundo. Y en baloncesto lo que parece más fácil es lo más difícil. Hay que ser unos fuera de serie para jugar como lo han hecho los jugadores de La Roja. Grecia, un bloque en el sentido más amplio de la palabra, una tropa aguerrida especializada en llevar los partidos a su ritmo y manejarlos a su antojo bajo las directrices de Panagiotis Giannakis, un mago de la pizarra y de la estrategia, siempre ha bailado al son impuesto por el equipo español a partir de una defensa perfecta.

Los griegos, descompuestos

La mejor defensa del mundo. Sin duda. Porque ningún equipo de este campeonato y tampoco del pasado Europeo de Belgrado que acabó con el oro en manos griegas ha descompuesto al combinado heleno igual que en Saitama la tarde-noche del 3 de septiembre de 2006, una fecha que ya es historia imborrable para el baloncesto y para el deporte nacional. Habría que revolver en el pasado para intentar encontrar una exhibición semejante de una selección española de cualquier deporte en una final mundial. Grecia, que dos días antes había dejado patente la calidad de sus baloncestistas y de su equipo tumbado a los Estados Unidos en semifinales, se ha sentido impotente desde el salto inicial, superada, rebasada, dominada.

No vencida, porque el espíritu le sobra, pero sí incapaz. Además, miraban al banco y veían a Gasol con el pie izquierdo colgando y sin jugar. Luego, levantaban la vista y el marcador iluminaba un paraíso para España. Fijaban de nuevo los ojos en el parqué y otro Gasol, Marc, mordía junto con los demás hombres de rojo para darle el oro a su hermano. Han olido la derrota de principio a fin. Enfrente, los españoles han volado hacia la victoria soberbios en el rebote, pieza clave del triunfo porque a través de los balones atrapados debajo de ambos aros y de la defensa rompieron el peligroso ritmo que tiene Grecia cuando domina los tableros. Carlos Jiménez y Felipe Reyes, también Marc Gasol y Garbajosa, han defendido por encima del bien y del mal. Los demás también, pero ellos sabían que tenían mucho que decir ahí para ganar esta final.

Igual que Navarro en ataque. Garbajosa y Reyes también han desplegado todo el poder ofensivo que guardan dentro. La defensa de la selección ha escrito números de Guinness en el casillero heleno: 12 puntos en el primer cuarto, 11 en el segundo y el tercero, 13 en el último. España ha borrado del mapa a los campeones de Europa. El trabajo de protección pergeñado en los sistemas de Hernández ha fundido los plomos de los chicos de El Pireo, les ha paralizado la maquinaria en la misma línea de salida. Y eso que a Reyes, un eje clave por la ausencia de Pau Gasol en el centro de la zona, le ha cañido la segunda muy pronto (m.6) y a Marc le ha llegado poco después. Un 0-8 del 9-8 (m.6) al 9-16 (m.8) tras triple de Navarro. Otra serie igual entre el 12-18 del final del primer cuarto y el 12-26 del minuto 12 han impactado en el mentón de Grecia. Porque España no les ha dado opción.

A los pocos estímulos positivos que han encontrado los helenos, algún triple suelto, algún rebote fuera de guión y cosas así, les han seguido idénticas respuestas. A los 34 minutos, cuando el partido ya estaba ganado -una final del Mundial ganada a los 34 minutos no es cosa baladí-, los griegos sólo habían anotado 36 puntos. El mismo equipo que le había metido 101 puntos a EE UU el viernes agonizaba hoy con 36 a cuatro minutos del final. En el otro casillero, 62 esplendorosos tantos iluminaban la gloria de la selección. Dieciocho triunfos seguidos entre la preparación mundialista y el campeonato -nueve y nueve- para tocar la cima del mundo invictos, con exhibición final, sin Pau y ante un rival de altura. Oro. Gloria eterna y pasaporte para los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Salud, campeones.

La guardia de corps de Francisco Gonzalez

Los rumores de una OPA sobre BBVA no son ninguna novedad en el mercado. Después del intento de asalto por parte de Sacyr Vallehermoso a finales de 2004, siempre se especuló con el interés de un gigante internacional. Ahora vuelven con fuerza y han llevado a su cotización a máximos históricos. Pero su presidente, Francisco González, está muy tranquilo y confía en la defensa que suponen la alta valoración del banco y en la guardia de corps que ha levantado en torno a su persona en los últimos meses.

A pesar de que muchos analistas consideran que BBVA no tiene ‘núcleo duro’ y que es fácilmente opable, FG ha aglutinado alrededor suyo un grupo de empresarios afines que tienen un 7% del capital. Son cerca de un millar con pequeñas participaciones, entre ellos nombres conocidos como Fernando Martín, Luis Portillo (Inmocaral), Nicolás Osuna, José Cosmen (Alsa) o Juan Bautista Soler (Metrovacesa y presidente del Valencia CF). Son accionistas fieles a FG que siempre delegan su voto en las juntas y a los que el banco mima. El BBVA tiene una unidad de grandes inversores que dirige Tomás Blasco, quien se reúne con ellos antes de las juntas, les invita a hoteles de cinco estrellas, etc.

Además, el propio FG posee 1,36 millones de acciones (el 0,04% del capital del banco) y su segundo de a bordo, José Ignacio Goirigolzarri, atesora otras 430.000 acciones (equivalentes al 0,013%).

Aparte del núcleo duro, con su reciente subida en bolsa, el banco se ha situado con el segundo PER (relación entre precio y beneficio) más alto del sector en Europa, lo que le convierte en un banco caro (ver el gráfico adjunto). Y además, cualquier comprador tendría que pagar una prima sobre el precio actual. Fuentes de la entidad aseguran que “con esta valoración y con el tamaño de BBVA, cualquier banco que quisiera comprarnos sufriría una dilución muy fuerte y el mercado le castigaría”.

Por estos motivos, algunos analistas ven poco probable una operación hostil. En opinión de Analistas Financieros Internacionales (AFI), “cualquier movimiento sería pactado, y aunque todavía es muy pronto para hacer cábalas sobre lo que sucedería en el caso de producirse una oferta por BBVA, lo cierto es que no parece que le hiciera falta recurrir a un caballero blanco para defenderse”. Una opinión que comparte Jordi Padilla, de Atlas Capital, quien además considera que no debería ser una cuestión de precio, como sí lo sería en casos como Bankinter: “No tendría por qué pagarse un PER de 25, pero la prima por el banco debería ser como mínimo del 10% sobre los niveles actuales”. Venture Finanzas incluso da un precio estimado para una oferta: 20 euros.

El último rumor que recorre el mercado es el interés del Banco Sabadell en tomar una participación en el BBVA. No se trataría de una posición muy importante –en torno al 4% como mucho- y tendría carácter financiero. En todo caso, BBVA es uno de los valores más calientes en el inicio del curso y promete ser una de las grandes historias del final del año.

A pesar de estos obstáculos, hay grandes rumores de OPA sobre el banco español, unos rumores que han disparado su cotización hasta máximos históricos por encima de los 18 euros.

De comprador a objeto de deseo

La oferta lanzada por BBVA sobre el italiano BNL el año pasado fue atribuida de forma general a dos motivos: al deseo de Francisco González de cerrar la brecha de tamaño abierta por el Santander con la compra de Abbey y a la necesidad de defenderse de una posible OPA hostil. Ya se sabe que la mejor defensa en el mercado es el tamaño. Pero BNL se escurrió entre las manos, ya que los franceses de BNP le levantaron la presa. Desde entonces (julio del año pasado), las especulaciones se habían centrado en otros posibles candidatos europeos a ser comprados por BBVA. No hubo banco mediano que no fuera objeto de rumores: Commerzbank, Dexia, Capitalia, Standard Chartered, Alliance & Leicester y, sobre todo, los británicos Barclays y Lloyd’s –que experimentaron fuertes calentones puntuales en bolsa- y el holandés ABN Amro.

Pero esta dinámica dio un giro radical en junio, cuando la entidad anunció la adquisición de dos bancos en Texas –Texas Regional y State National- por 2.092 millones de euros, para cuya financiación vendió el 5% de Repsol. Entonces, el director financiero de la entidad, Manuel González Cid, declaró que pasará “mucho tiempo antes de que podamos pensar en nuevas posibilidades de inversión”.

Unas palabras que convencen a los analistas del Deutsche Bank, entidad que destaca la gran “coherencia entre lo que dice el banco y lo que luego hace”, algo que contrasta con la política habitual de su gran rival. Los expertos de la entidad alemana consideran que, con las operaciones de Texas, se reduce notablemente el riesgo de que “BBVA compre a lo loco” y, con ello, su cotización en bolsa debe estrechar el descuento “injustificado” con el que cotiza por el riesgo de adquisiciones.

Sin embargo, Analistas Financieros Internacionales (AFI) no descarta que BBVA pueda sorprender en Europa, especialmente después de los movimientos corporativos en Italia y tras la incorporación de países como Polonia o Turquía a la Unión Europea.

¿Por qué es atractivo BBVA?

La segunda derivada de este giro estratégico es la percepción en el mercado de que, sin una gran compra en Europa, BBVA es vulnerable a una OPA. Aunque es un gran banco –su valor de mercado supera los 60.000 euros-, hay una veintena de entidades que superan a la española por capitalización bursátil y que tendrían capacidad para comprarla. A la cabeza, los norteamericanos Citigroup, Bank of América, JP Morgan Chase, los británicos HSBC y Royal Bank of Scotland o el suizo UBS (ver ranking mundial de bancos por capitalización bursátil).

Los que más suenan, como ocurrió en 2005, son Citigroup y HSBC. Sin embargo, un experto de una firma internacional considera que “falta año y medio para que los bancos norteamericanos culminen su expansión en todos los estados de la Unión tras el cambio normativo, y hasta entonces no van a dar el salto a Europa”.

Además, el BBVA posee otra serie de atractivos que sitúan a la entidad en el punto de mira de numerosas compañías extranjeras. Entre ellos, su posición de privilegio en Latinoamérica, el fuerte crecimiento de su beneficio (ha superado al Santander en el primer semestre) o su capacidad para aprovechar las subidas de tipos.

Como siempre ocurre en España, ante una posible operación corporativa hay que tener en cuenta la postura del Gobierno. Después del fiasco de Sacyr, los expertos descartan que el Ejecutivo vaya a promover otra operación de forma tan abierta. Pero recuerdan que Moncloa, y en especial el asesor económico Miguel Sebastián, se la tiene guardada a FG, por lo que probablemente pondría un “puente de plata” a cualquier entidad internacional interesada en adquirir –o al menos tomar una participación significativa- en el segundo banco español. Además, después del caso Endesa el Ejecutivo tendría muy difícil poner trabas a una operación de este tipo.

La joya de la familia Cañas

Amaren Reserva Mágnum, 1999                                                             
Bodega:
Luis Cañas
D.O.: La Rioja
Tipo:Tinto

La familia Cañas lleva más de dos siglos dedicándose a la viticultura y la elaboración de vinos, aunque la bodega que ha terminado convirtiéndose en todo un referente en la Rioja Alavesa se fundó en 1928 y hasta 1970 no comenzó a embotellar y comercializar sus primeros vinos de cosechero. El año 1989 marcó un hito en la historia de la casa, cuando Juan Luis Cañas tomó las riendas del negocio e implantó sus ideas innovadoras y su afán por potenciar los vinos de crianza. Tras introducir aires y vinos nuevos, el único hijo de D. Luis Cañas estrenó en 1994 la actual bodega, dotada con modernos sistemas de elaboración y una nave de barricas que elevó su número hasta unas 4.300 unidades, un 70% de roble francés y un 30% de roble americano.

La finca, que emplea la viticultura integrada, cuenta con 90 hectáreas propias, 200 hectáreas de viñedo controlado por proveedores y actualmente amplía la superficie de su viñedo ecológico, que ocupa ya unas 14 hectáreas. La edad media del viñedo ronda los 40 años.

Los vinos de la bodega Luis Cañas han sido laureados en algunos de los eventos más importantes del mundo. Su Hiru 3 Racimos 2001 fue considerado en el año 2004 el mejor vino de España e incluido entre los 12 mejores del mundo por la prestigiosa publicación Decanter. El tinto Amaren –cuya primera añada fue la de 1995- es la joya de la familia Cañas. Con un potencial de guarda de entre diez y quince años, el vino agradece una aireación de una hora previa al consumo y una temperatura de servicio de 16º. Elaborado con la variedad tempranillo el vino pasa 12 meses en barrica.

Con un color picota de capa media alta, despliega aromas a frutos rojos del bosque sobre un fondo al mover de notas especiadas, vainilla y mermelada. En boca resulta goloso, aterciopelado, con paso de taninos frutales de cierta intensidad pero nada agresivos muy integrados final a bombón en el retronasal y buen recuerdo. En definitiva, un soberbio tinto que acompaña a la perfección platos como pavo trufado, solomillo de ternera o redondo de ternera guisado.

Precio:35 euros

Fogones de oro

 

             

En un país volcado en el turismo y amante de estar en la calle, la restauración es un buen negocio. Pero que muy bueno. La facturación anual de los 60.000 restaurantes y bares que hay en España asciende a 13.000 millones de euros, aunque sólo algunos de ellos llegan a convertirse en lugares conocidos por el gran público. Es entonces cuando sus cocineros logran reconocimiento popular y el negocio puramente culinario deriva en un negocio mediático, de marketing y relaciones públicas, que es el verdaderamente rentable. “Los restaurantes de alta cocina no dan dinero”, ha reconocido en más de una ocasión el chef Ferran Adrià, paradigma del restaurador estrella.

El cocinero barcelonés ha levantado un auténtico conglomerado empresarial en torno a su restaurante El Bulli, establecimiento que en 2004 tuvo un volumen de ventas de casi cinco millones de euros. La fama internacional que ha conseguido con sus constantes innovaciones y deconstrucciones culinarias es sabiamente gestionada por este cocinero. Con una proporción de 60 empleados para 50 comensales, la rentabilidad sólo ha podido llegar después de explotar de un modo inteligente la sensación de “insatisfacción creativa” que, según Adrià, domina su vida.

Ese prurito creador le llevó en la década de los 90 a poner en marcha un auténtico centro de de I+D en torno al ya consolidado restaurante. Rodeándose no sólo de otras personas del mundo gastronómico, sino de químicos, diseñadores, publicistas y periodistas, ha creado una verdadera receta magistral a la hora de hacer dinero.

Adrià es pionero también en aplicar la identidad corporativa. El método consiste en asociar su nombre al de otras empresas: un branding que aumenta considerablemente el prestigio de las dos partes. Desde el año 2000 está asociado con NH hoteles en dos proyectos que han supuesto para la cadena hotelera una revitalización económica importante tanto en España como en el exterior.

Los nhube, espacios que se venden como “conceptos gastronómicos innovadores y donde se puede comer lo que Ferran Adrià come en casa”, son espacios de ocio en los que se degustan unos platos “sencillos con originalidad en la presentación”; y el más recientemente inaugurado Fast Good, intento de renovar la comida para llevar bajo el lema “Comamos deprisa, pero comamos bien”, que lanzó en el año 2005 con una inversión de 2,6 millones de euros -capital que ya está amortizando- y que planea exportar hacia América del Sur.

La ‘receta Adrià’ es mucho más ambiciosa. Además de sus servicios de catering, tiene proyectos tan extravagantes como lucrativos. En febrero, Nestlé lo contrató junto al arquitecto suizo Jean Novel para relanzar varias líneas de chocolate. También el grupo lácteo Kaiku y la empresa de aceites Borges cuentan con sus ideas para impulsar su imagen, con bastante éxito en todos los casos.

Se sale de lo meramente gastronómico cuando patrocina las vajillas Ola, o lanza una cátedra con su nombre en la Universidad Camilo José Cela. Incluso una empresa tan aparentemente alejada de la restauración como Unión Fenosa ha organizado unas jornadas bajo el título Energía y Cocina en colaboración con la cátedra de Adrià en la que participaron chefs que normalmente prefieren limitar su trabajo a lo estrictamente gastronómico, como Carme Ruscalleda, chef del restaurante Sant Pau (tres estrellas Michelín) en Sant Pol de Mar.

Las jóvenes apuntan maneras

En vista de que esta idea de combinar innovación en la cocina con proyectos diferentes da beneficios, otros cocineros han metido las manos en la masa. Es el caso de Sergi Arola, propietario de La Broche (dos estrellas Michelín) en Madrid y socio del Arola Arts de Barcelona, que ha preparado la carta del catering para la primera clase de Iberia. El discípulo de Adrià también emula al maestro asesorando a una cadena hotelera, en este caso Occidental Hoteles.

Gracias a esta unión ha puesto en marcha el restaurante Arola Mad en la ampliación del Museo Reina Sofía, también proyectada por Jean Nouvel. Como prescriptor publicitario, sirve de imagen para los hornos Bosch y para una línea de productos de los supermercados para profesionales Makro. Su paso por televisión ha sido fugaz pero sonado, como maestro de cocina de un grupo de famosos en el reality Esta cocina es un infierno de Telecinco. Ya en un ámbito más reducido, Arola participa en unos talleres de cocina en Madrid a través de la sociedad Norfeu.

El fenómeno de los chefs estrella no es algo exclusivo de España. En el Reino Unido, el cocinero con más fama es el joven Jamie Oliver, creador de Fifteeen en Londres, que ha presentado varios programas de televisión desde 1998. Con sólo 31 años es la imagen de los supermercados Sainsbury’s. A Jamie, sólo este contrato publicitario le reporta unas ganancias estimadas en más de un millón y medio de euros al año. De todos modos, la cadena de distribución sabe que su dinero está bien invertido: cuando el chef sale en un anuncio recomendando alguno de los productos que se exponen en sus tiendas las ventas llegan a doblarse, incluso en las tiendas de la competencia.

Oliver también ha conseguido que el gobierno británico vaya a invertir 280 millones de libras en mejorar los productos de los comedores escolares, después de una campaña suya en este sentido. Sus críticos le achacan cierta incoherencia por hablar de las ventajas de la comida orgánica y los comercios de barrio a la vez que recibe dinero de Sainsbury’s por ser su imagen. Mientras tanto él ve cómo sus programas de televisión y sus libros (traducidos ya a cinco decenas de idiomas) le ayudan a aumentar una fortuna que ya asciende a unos 30 millones de euros. Su siguiente proyecto, una sección de podcast dentro de su página web.

Estrellas de la pequeña pantalla

El uso de la televisión como medio de impulsar un negocio hostelero tiene a Karlos Arguiñano como máximo exponente en España. Desde que empezara con los programas televisados, el simpático vasco ha ido metiéndose al público en el bolsillo y, bajo la idea de la sencillez de una cocina como la de casa, su empresa Bainet ha ido creciendo y gestionando gran cantidad de libros basados en el programa, tanto de su cocina como de la de su hermana Ana Arguiñano o Juan María Arzak.

La imagen de Karlos gusta a la cámara y es reconocida por todos, lo que le ha llevado ha aparecer en pequeños papeles en películas como Airbag, Año Mariano y El rey de la granja, producidas por su empresa Bainet Zinema. Después de estas tres producciones cinematográficas, el Arguiñano empresario ha vuelto a poner sus miras en el negocio de la televisión. Bainet televisión, que en 2003 facturó más de dos millones de euros, posee el 5% de las acciones de Grupo Audiovisual de Medios de Comunicación –donde están MediaPro, Grupo Arbol, El Terrat-, sociedad que posee el 60% de la Sexta. La productora realiza dos programas para este canal.

Hay otra empresa que ha rentabilizado la moda de la cocina en televisión desde el principio. Se trata de Multipark, sociedad participada por Telemadrid y Caja Madrid que creó en 1998 el Canal Cocina para las plataformas digitales y televisiones por cable. Multipark vendió en 2005 la cadena a Multicanal, pero sigue desarrollando productos televisivos relacionados con la gastronomía. En Canal Cocina tienen o han tenido sus espacios chefs como Arzak, Juan Pozuelo (Hotel Escuela de la Comunidad de Madrid), Martín Berasategui, Pedro Larumbe, Pedro Subijana (Akelarre), Iñaki Oyarbide (Príncipe de Viana) o Darío Barrio (Dassa Bassa). Aunque no llegan a la popularidad de Arguiñano, a buen seguro su fama mediática atrae a muchos más clientes hacia sus locales.

La fruta encuentra su máxima expresión

Fagus 2003
Bodega:
Bodegas Aragonesas
D.O.: Campo de Borja
Tipo: Tinto                                                                                             

La asociación de dos cooperativas del Campo de Borja (San Juan Bautista de Fuendejalón y San Cristo de Magallón) con el Instituto Aragonés de Fomento dio origen en 1984 a las actuales Bodegas Aragonesas. Su objetivo es colocar en el mercado –tanto nacional como internacional- caldos de la región con un claro marchamo de calidad. Las técnicas de cultivo y de elaboración del vino han elevado la calidad de sus productos hasta el punto de que hoy el 60% de toda la producción de la denominación de origen se elabora en estas bodegas, con una media de nueve millones de litros.

Bodegas Aragonesas ha desarrollado una importante inversión en tecnología, fruto de la cual nace el Coto de Hayas Fagus 2003. Este tinto, elaborado a partir de uva garnacha y criado nueve meses en barrica, es posiblemente uno de los mejores de la región, yendo más allá de una correcta expresión varietal para dar rienda suelta a una personalidad bien marcada.

A la vista, el caldo se presenta con una apariencia de guinda picota prácticamente opaco. Al olfato tiene un aroma de buena intensidad, con recuerdos de fruta negra madura y chocolate negro, apreciándose un fondo de madera tostada. En boca este vino es de cuerpo medio. Con buena acidez, sabroso y fresco, cuenta con una expresión frutal notable y una óptima persistencia.

Este vino, que cuenta con un buen potencial de guarda, tiene un buen maridaje con asados y carnes rojas en general. Se recomienda especialmente decantarlo al menos una hora antes de su consumo, para poder apreciar con toda claridad los matices que se observan al degustarlo. Sólo dos inconvenientes: las botellas de cada añada se acaban relativamente rápido en los comercios y su fama procedente del boca-oreja ha provocado una subida significativa de los precios.

Precio aproximado: 24 euros.

La policía británica desarticula una red que planeaba hacer estallar aviones en vuelo

AGENCIAS  -  Londres                              

La policía británica ha anunciado esta mañana la detención de al menos 18 personas en Londres que presuntamente integrarían una red terrorista que pensaba hacer estallar aviones en pleno vuelo. Los terroristas, según Scotland Yard, planeaban atentar contra vuelos entre Reino Unido y EE UU detonando bombas ocultas en el equipaje de mano. El Gobierno ha decretado el nivel máximo de alerta.

Según ha declarado el ministro del Interior, John Reid, el grupo terrorista tenía como objetivo “abatir varios aviones en vuelo, causando la pérdida de un considerable número de vidas”. Por ello, la policía ha efectuado “una gran operación antiterrorista para poner fin a lo que pensamos que era una importante amenaza contra el Reino Unido y sus aliados internacionales”. Finalmente, Reid ha hecho un llamamiento a la población a que “en la medida de lo posible, sigan con sus actividades de forma normal”.

El Gobierno ha elevado en todo el país el nivel de alerta “crítico”, el máximo de una escala de cinco, que significa que el atentado o atentados iban a cometerse de forma inminente, tal vez hoy mismo, y que “conllevan un extremado nivel de amenaza para el Reino Unido”, según la web del MI5, el servicio de inteligencia interior. Hasta esta mañana, el nivel de alerta estaba situado en el cuarto nivel, “severo”, en una escala de cinco. También EE UU ha elevado su nivel de alerta antiterrorista para los vuelos desde Reino Unido, después de que el primer ministro británico, Tony Blair, telefoneara al presidente americano, George W. Bush, para informarle de la situación.

La operación que ha dado al traste con los planes terroristas lleva meses en marcha y se ha precipitado hoy con la detención de al menos 18 personas en el área de Londres. Según la cadena de noticias SkyNews ha informado de que son 20 los arrestos, número que coincidiría con el número de aviones contra los que se iba a atentar. La operación ha sido encabezada por los servicios de inteligencia y ha sido llevada a cabo por la policía antiterrorista. Scotland Yard ha subrayado que se ha llevado a cabo el dispositivo “con la seguridad pública en mente”.

Retrasos y cancelaciones

Se espera que hoy se produzcan importantes retrasos en los vuelos que lleguen o despeguen del Reino Unido, ya que las medidas de seguridad en los aeropuertos han sido incrementadas. De momento, British Airways, ha emitido un comunicado en el que anuncia que cancelará algunos vuelos y de que habrá importantes retrasos, al tiempo que desaconseja volar mientras no sea estrictamente necesario. La compañía alemana Lufthansa, ha cancelado sus vuelos hacia el Reino Unido hasta, al menos, las dos de la tarde (hora española). También el aeropuerto de Bruselas ha cancelado todos los vuelos a Londres. En España, British ha cancelado sus vuelos al país y se están notando ya retrasos.

Las compañías han prohibido a sus viajeros que entren en los aviones con los equipajes de mano y se revisa exhaustivamente –incluido el calzado- a todo el pasaje. Sólo se permite subir a bordo bolsos transparentes con lo estrictamente necesario: pasaporte, documentación, biberones, medicamentos. Todos los aparatos eléctricos están prohibidos a bordo.

LAS MALAS LENGUAS

 Un poquito de historia  

En los primeros años 60, el incipiente pop español se nutrió de adaptaciones foráneas. Recurrir al cancionero ajeno era un buen método para foguearse mientras se desentrañaba la clave para escribir composiciones propias. Así, muchos supieron de los Beatles, los Animals o los Rolling Stones primero por sus canciones, trasladadas al castellano por formaciones locales. ¡Y hubo versiones francamente excitantes que han perdurado en la memoria colectiva! Pero la tradición, poco a poco, se desvaneció.  Sin embargo, practicar el juego de las versiones siempre ha resultado un sano ejercicio. Pues no sólo sirve para comprobar cómo una canción funciona en "boca ajena", sino para que el "versioneador" nos muestre pistas de por dónde van sus preferencias musicales y descubra de este modo el armazón compositivo sobre el que sustenta el trabajo creativo. Algo que, ay, dado el general hermetismo de nuestros músicos, no suele ocurrir con demasiada frecuencia. O se produce en discos colectivos de tributo en los que siempre planea la pregunta de si los versioneadores están ahí porque hay que estar o porque realmente admiran al versioneado.  Las Malas Lenguas  Santiago y Luis Auserón, nadie lo duda, siempre han sido dos músicos que han rehuido los lugares comunes; han intentado darle una vuelta, o varias, a las cosas, no quedarse en la apariencia formal. Intentar asumir riesgos, pero no como un vano ejercicio de cara a la galería, sino como íntimo esfuerzo de respeto al arte al que se dedican.  De este modo, sólo a ellos dos se les pudo ocurrir volver a juntarse profesionalmente, obviando el ruido que podía provocar una reunión que muchos podrían entender como "Radio Futura Regresan", para reinterpretar canciones ajenas. Canciones que les han acompañado en su formación como los músicos que son hoy. Y sólo a ellos, con la que está cayendo, se les podría pasar por la cabeza salir a la carretera con su espectáculo de versiones, Las Malas Lenguas, antes de grabar el correspondiente disco. Así, las canciones, como en los viejos tiempos, se han ido cocinando en el directo, han encontrado su forma adecuada antes de quedar registradas en el estudio.  Ahora, un año después de que Las Malas Lenguas subiera a los escenarios por vez primera, llega este sorprendente álbum en el que Santiago y Luis Auserón desnudan influencias y releen con notable acierto a Bob Dylan, Velvet Underground, Chuck Berry, Elvis Presley, James Brown, Robert Johnson, los Kinks... Un aleccionador paseo, en la lengua de Cervantes, por la historia del rock anglosajón, llevado a cabo con tiento, cuidado y buen gusto, pues no olvidemos que Santiago Auserón (quien se ha encargado de las adaptaciones) es uno de los escritores de canciones más cuidadoso y exquisito con que contamos en nuestro país.  Las Malas Lenguas es una gran ocasión para acercarse a algunos de los pilares básicos que sustentan la historia del rock: es una obviedad, pero en este caso las canciones sí hablan por sí solas. Disfruten de Las Malas Lenguas, déjense llevar por el juego de las versiones al que nos invitan los hermanos Auserón.

Juan Puchades

Las Malas Lenguas: Tradición poética del rock Comentarios a las canciones por Santiago y Luis Auserón  La idea inicial era poner a prueba la sonoridad del nuevo estudio haciendo un proyecto divertido y al final hemos sentido un poco la responsabilidad de tener que estar a la altura de los originales. Sólo un poco. La tradición del rock está hecha de una mezcla de fidelidad y descaro. El proyecto retoma la herencia versionera de los sesenta, el recuerdo de los Salvajes, de los Lone Star, que hacían muy buenas versiones. Hemos traducido decenas de canciones, seleccionado una veintena, peleado por permisos que las editoriales difícilmente conceden. El directo del año pasado nos ayudó a ver claro y nos quedamos con una selección de los años cincuenta y sesenta: R&B, rock y soul. La crítica dice que hemos hecho una selección de caras B, en vez de dar a la gente lo que quiere. Algunas de estas canciones fueron cara B, ciertamente: los artistas solían poner en la cara B del single su tema predilecto, mientras la cara A era ocupada por la opción supuestamente más comercial, aunque a veces el gusto del público invertía las tornas. Las canciones de ese periodo tienen algo irrepetible, reflejan el impacto del primer encuentro entre blancos y negros en la cultura electrodoméstica. Son temas de nuestra infancia y adolescencia que no han perdido el misterio. Y no se trata de nostalgia, queremos que las canciones duren, empiecen una vida nueva en otra lengua, amplíen el repertorio de lo que se puede cantar en castellano. Cuentan historias nuevas, si se las compara con la tradición de los "standards" americanos. Decidimos grabar con el sonido de la banda, simplificado en relación con la gira pasada, lo más natural posible. Hemos pedido ayuda a Joe Dworniak para las mezclas. Creemos que el resultado responde a nuestra exigencia de obtener de estas versiones algo de poesía. Aquí van algunas claves de la selección:  

Las malas lenguas. El primer boceto de la letra es del 93, pero no fue acabado a tiempo para la gira con Kiko Veneno. La tocábamos en directo, en inglés, en las últimas giras de Radio Futura. Se ha convertido en el lema del álbum, es un tema favorito de muchos de nuestros amigos. La primera versión que oímos fue la de los Credence, en Huelva. Luego la de Marvin, en Madrid. Luego otras, de Gladys Knight a Las Slits; pero la de Marvin sigue siendo el canon absoluto, hipnótica e inimitable. La imagen coloquial del "emparrado" ("the grapevine") para referirse a las murmuraciones es tremenda, muy Shakespeare y muy negra a la vez. En español no es traducible. El reto es hacerla sonar grupera y que no pierda lirismo. Por lo demás, la letra sigue fielmente el original y suena sola, su magia atraviesa la traducción. En el 93 el estribillo se quedó a medias y ahora parece haber encontrado el truco para dirigirse a una novia indecisa en castellano.

Suéltame. Le escuchamos cantar Set me free a Antonio Smash con la guitarra, en los aftershow de hotel de la gira con Kiko, y entonces ya pensamos que era un buen tema para versionear. La letra original es muy sencilla, la mayor parte de nuestra versión inventa cosas que Ray Davies no dice, pero que están en su mentalidad probablemente, filtrada por una sensualidad algo más barroca, quizá no muy alejada de su forma actual de ver las cosas (véase su reciente disco en solitario, una belleza). Armónicamente es un tema interesante: al lado del glissando eléctrico de un tono patentado por los Kinks, encontramos una escala cromática descendente que proviene del jazz (el jazz la tomó a su vez de los músicos cultos de finales del XIX) cuyo uso se generalizó después (está también en el tema de Dylan). Plantea por tanto la cuestión de cuánto cabe en una canción pop contemporánea. Una cuestión interesante, que Davies siempre supo resolver con elegancia, juntando expresiones callejeras con perfumes musicales caros.

Duro de pelar. El estribillo y el puente están más pulidos ahora que en el 93, cuando la tocamos por primera vez en español. Hasta para un anglohablante es una canción literalmente "difícil de manejar". Le pedimos a Ollie Halsall en el 89, girando con Radio Futura, que nos copiase la letra y él nos relató su impresión al escucharla por primera vez en boca de Otis: "no daba crédito man, ¿pero qué dice este tío?". Compramos el single a medias en el 69 (lo conservamos aún, era la cara B de "Amen"). Hemos querido ser fieles al original (las versiones más recientes nos gustan menos) y arreglar con el sonido de la banda sin metales, con el Hammond impecablemente tocado por Javier Mora, al estilo de Booker T & The Mg´s, añadiendo un riff de guitarra que recuerda a Steve Crooper -pero algo más moderno- y también el coro femenino.

Balada de un tipo flaco. Teníamos varias traducciones de Dylan en marcha (Most likely you go your way..., Subterranean homesick blues), pero no acababan de encajar. Josele Caníbala, durante una velada improvisada en el sótano de El Monasterio en Barcelona, sugirió abordar este tema. La longitud de la letra es típica de balada folk, pero con imágenes de psicodelia urbana. Quizá Mister Jones sea Brian Jones, con quien Dylan se paseó en limousine por Nueva York alguna vez en torno al 65. Hemos tenido en cuenta las traducciones de Jesús Ordovás y de Carlos Álvarez. El original habla en segunda persona, pero nos ha parecido que Dylan dialogaba más bien consigo mismo. Hemos optado por hacer una versión desnuda, descartando la mayor parte de las guitarras grabadas, sosteniendo la longitud del tema con la cálida voz de Sheilah Cuffy.

Quién lo iba a suponer. "You never can tell" sonaba mucho en casa, gustaba a todos, mayores y pequeños. Por su dinamismo descarado es una de las joyas de Chuck Berry. La letra es sencilla, aparentemente ingenua, pero muy acertada, cuenta una historia completa en cuatro estrofas, tiene calidad literaria. No admite mucha complicación en los arreglos, no se puede uno salir fácilmente del rocanrol con aire twistero de Nueva Orleáns. Diego García está en su salsa, sostenido por el piano matizado de Javier. En los conciertos, la gente la baila imitando los gestos de John Travolta y Uma Thurman en "Pulp Fiction". Muchos la han escuchado gracias a Tarantino por vez primera (y no es la primera vez que Travolta deja en la historia de la música popular un gesto emblemático).

Hotel de dolor. Hemos partido de la versión de John Cale en "Slow dazzle", que nos impresionó mucho a mediados de los setenta. Es más dramática que el original. En realidad a Elvis le sonaba la letra con un maravilloso aire insensato, pero Cale le extrajo otra dimensión. Nosotros hemos prolongado ese aire de oscuridad neoyorkina por el lado del Bronx, sumando un par de acordes propios de un montuno, que pudiera haber cantado Héctor Lavoe. Las guitarras de Diego García tienen aquí una densidad especial: tocó una Les Paul vieja muy pesada, con encordado grueso. La mezcla de Joe Dworniak es admirable.

Amor en vano. Robert Johnson grabó dos tomas en los años treinta, después de mantener su mítica entrevista con Lucifer en un cruce de caminos. Tal vez el mentado hombre de negocios se llevase su alma (tras darle a beber bourbon mezclado con estricnina por un marido celoso), pero sus canciones siguen sonando a gloria bendita. Representan la inspiración de raíz que alimentó en los últimos 50 y primeros 60 a muchos jóvenes músicos, como Clapton o Keith Richards. Los Stones hicieron popular su versión de Love in vain. Una película de trenes en tres ráfagas alucinantes. La primera vez que sonó esta versión en público fue en la Plaza de Toros de Las Ventas, en el concierto de Raimundo Amador con B.B. King y otros amigos (está contenida en el disco Noche de flamenco y blues). El trato durante años con la letra, el diseño R&B del bajo (tomado de Frank Zappa), la admirable aportación de Javier Mora en el piano, los guitarras auténticas de Norberto Rodríguez y Diego García, la sobriedad de la batería de Vicente Climent, han conseguido que este blues en español suene puro. Joe Dworniak también lo ha tratado con cuidado especial.

Papá se ha puesto a bailar. James Brown siempre ha sonado en los momentos álgidos de nuestras fiestas. Estábamos empeñados en versionear este tema, pese a las dificultades de la traducción, así es que le pedimos consejo al actor Richard Collins Moore. Es un gran aficionado, buen cantante y letrado, pero sobre todo ha sabido "interpretar el personaje" como actor, proporcionándonos las claves del pensamiento del Jefe. Tampoco esta canción permite alejarse mucho musicalmente. Volvimos a rehacer el diseño básico de los metales con un Hammond que compramos en Badalona en muy buen estado, proveniente de una iglesia de Vilanova y La Geltrú. Virgilio Fernández puso mucho tiento en la selección de previos, en la colocación de los micros. Norberto Rodríguez grabó una docena de solos y nos quedamos con el más sencillo, que es espléndido.

Tristeza de verano. En la primera gira de Juan Perro, en el 94 sonó una primera versión en castellano del Summertime blues. Muy latina, entonces se llamaba "Locura de verano". Ahora es más fiel al original de Eddie Cochran. Hay en la letra una licencia mayor: hemos cambiado el diálogo de la tercera estrofa, con un funcionario de la ONU (siglas muy pop a mediados de los cincuenta, en plena guerra fría, algo desacreditadas ahora) por un careo con la mamá de la chica, consecuencia lógica de las dos estrofas anteriores, dedicadas por el joven rebelde a su jefe y a su padre. Sacamos una línea de bajo inspirada en Charlie Mingus, sobre un ritmo que en la estrofa tira para el norte de África (Raimundo Amador lo llama "el ritmo de la cabra"). Retomamos el aire de la guitarra original en un riff más elaborado y añadimos un sinte, pensando en acercarnos a otras lecturas contemporáneas del rock primitivo. Pese a la variedad de ingredientes, el rocanrol sigue vivo.

Por un hechizo. Llevábamos mucho tiempo con ganas de entrarle a esta canción. Hemos conservado las tensiones armónicas y expresivas del original, reduciendo el aire psicótico de feria, para contemplar la dimensión más clásica y grande del tema, que fascinó a Eric Burdon y a los Fogerty. Le pedimos a Vicente Climent que sostuviese el tempo más lento posible, y lo ha hecho de forma elegante. Creemos que la letra en español transmite la atmósfera original de "vudú" o de santería. El solo nervioso de Norberto se asocia muy bien con ese lado oscuro.  Me pones loco. No había manera de encontrar un estribillo en castellano con sólo dos sílabas y sonoridad predominante en "i", de modo que optamos por la "o" de "loco" y por darle más espacio al título en la melodía. Eso nos condujo, a causa de la rima, a hacer un poco más explícitos los estribillos. De cualquier forma, estamos en la onda del espíritu perverso con que la cantaba Reg Presley. Vimos a los Troggs en los 70, en el MM de Madrid. En el directo de 2005 hacíamos una versión más pesada, ahora la hemos aligerado, con un registro de voz más suave y el diseño "soul" de Diego, sustituyendo el famoso solo de ocarina (!) por el Hammond. Los coros de Sheilah añaden un poco de viaje contemporáneo.

Ya es domingo. El disco hubiera podido ser doble, con veinte temas, pero las negociaciones editoriales se han encargado de evitarlo. La versión de Sunday Morning hubiera iniciado el segundo disco, dedicado a los setenta. En realidad, el tema es del 66-67, pero Velvet Underground abre ya un periodo nuevo en la historia del rock. El clima decadente del original queda atemperado en castellano por las luces de un alba más luminosa, pero la canción conserva el magnetismo y la veracidad de su lenguaje. Gay Mercader vino a vernos a un concierto en Girona y nos dijo que no se nos ocurriera dejarla fuera del disco.  En el directo encontraréis además, entre otras cosas, algunas versiones que no hemos podido grabar (de los Doors, de Hendrix, de los Beatles, de los Stones y de Neil Young) y un homenaje al trabajo de los Lone Star ("Sin su amor", su versión de Heart full of Soul de los Yarbirds). Larga vida al rock de entraña negra.

Santiago y Luis Auserón

Placer monacal

Hacienda Monasterio Reserva 2001                                                   
Bodegas:
Hacienda Monasterio
D.O.: Ribera del Duero
Tipo: Tinto Reserva


Las Bodegas Hacienda Monasterio se erigen sobre una finca de 113 hectáreas (70 de ellas plantadas) situada a medio camino entre Pesquera y Valbuena de Duero. A finales del XIX formaba parte de las propiedades de la mítica familia Lecanda, pionera en la nueva tradición vinícola de la Ribera del Duero. La bodega actual, construida entre los años 1991 y 1992, ha sido diseñada por el arquitecto francés Philippe Mazières, reputado autor de cuya mente y planos han salido las francesas Chateau Margaux y Chateau D’Yquemo Prieure.

El Monasterio Reserva 2001, que ha recibido 93 puntos en la Guía Campsa 2006 y el Bacchus de Oro en el VII concurso internacional homónimo, está elaborado en un 80% de tinto fino, un 10% de Cabernet Sauvignon y un 10% de Merlot, y de él se han producido un total de 26.300 botellas. La uva se vendimia a mano y en cajas de plástico, evitando así que el grano se rompa. Además, nunca se efectúa estrujado.

A la vista, el tono del Monasterio Reserva 2001 es rojo rubí oscuro y brillante con ribetes azules. Al olfato sus aromas son especiados y recuerdan a la vainilla. El aroma torrefacto del que disfruta proviene de su crianza en roble francés nuevo durante 21 meses. Al entrar en la boca, la sensación es balsámica y de frescor, de gran y compleja elegancia. Se trata de un vino con taninos redondos, suaves y aterciopelados: es posible ver en ellos la juventud longeva del líquido. Su persistencia es larga, y con ella vuelve a salir el fruto y ciertas notas tostadas de la barrica en la que ha sido conservado.

Es aconsejable servirlo a una temperatura entre los 16ºC y los 18ºC. Resulta ideal para acompañar cualquier menú en el que el estofado de carne ocupe un lugar principal.

Precio aproximado: 40 euros

Vermeulen sorprende con la ‘pole’ y Pedrosa saldrá cuarto en Laguna Seca

 

   

El australiano Chris Vermeulen (Suzuki) ha firmado su segunda pole en lo que va de temporada en el Gran Premio de Estados Unidos, undécima prueba de la temporada, que se disputa esta noche en el circuito de Laguna Seca, en el que el español Dani Pedrosa (Honda) partirá desde la segunda línea, tras haber sido cuarto.

Si la lluvia jugó a favor de Vermeulen y su Suzuki en Estambul para colarse por delante de todos los hombres fuertes del Mundial, en esta ocasión el australiano fue el gran dominador en unas condiciones muy complicadas, con un fuerte calor, una pista que patinaba y que ofrece muchas dificultades. Con un crono de 1:23.168, Vermeulen asistió a los últimos minutos de la calificación desde el box para comprobar como ningún piloto era capaz de arrebatarle ese mejor tiempo, a pesar de que el líder del campeonato, el estadounidense Nicky Hayden (Honda), había sido capaz de rodar por debajo de la barrera del 1:23 en los libres de por la mañana. Junto a él estarán en la primera fila los americanos Colin Edwards (Yamaha) y Kenny Roberts Jr. KR211V), segundo y tercero, respectivamente, a menos de dos y tres décimas del australiano.

Abriendo la segunda línea estará Dani Pedrosa (1:23.490). El español ha mantenido el buen nivel en estos entrenamientos a pesar de que contar con el handicap de enfrentarse a un circuito totalmente nuevo para él, una desventaja respecto a sus rivales en el Mundial que acumulan al menos la experiencia de la carrera disputada el año pasado aquí.

El bicampeón del mundo ha mantenido un buen ritmo a lo largo de la sesión y confirmó que en la carrera puede estar luchando por el podio, siendo el mejor de los hombres que pelean por la corona, como Nicky Hayden o el italiano Valentino Rossi (Yamaha). Compartirá la segunda línea de la parrilla de salida con el americano John Hopkins (Suzuki) y el propio Hayden, que el año pasado estrenó en Laguna Seca su palmarés en MotoGP, que a pesar de dejar el crono más rápido de la jornada en Laguna Seca sólo ha logrado ser sexto en la calificación.

Peor fueron las cosas para el vigente campeón del mundo, Valentino Rossi, que siguió arrastrando muchos problemas con la puesta a punto de su Yamaha y deberá verse obligado a una nueva remontada, como en Alemania, si quiere pelear por la victoria, ya que saldrá décimo.

Por su parte, Carlos Checa aprovechó el buen rendimiento de sus neumáticos Dunlop en este circuito y colocó su Yamaha YZR M 1 en la undécima posición, justo por delante de Toni Elías (Honda RC 211 V), mientras Sete Gibernau acabó sucumbiendo a los múltiples problemas del fin de semana.

Ni el catalán, ni su compañero de escudería, el italiano Loris Capirossi, han podido aprovechar el potencial de sus Ducati Desmosedici oficiales de la fábrica de Borgo Panigale, que en Laguna Seca adoleció de numerosos y por ahora insalvables problemas en el tren delantero. La moto no quería entrar en las curvas, lo que representa un problema inicial de neumático delantero y ello repercute directamente en el rendimiento de la suspensión delantera y también del chasis.

Los nuevos ricos del ladrillo

En los años ochenta, el enriquecimiento fácil y la cultura del pelotazo llegó a España de la mano del mundo financiero. A finales de los 90, de la burbuja tecnólogica. De un tiempo a esta parte, los nuevos ricos están vinculados al boom inmobiliario. Un negocio que en 2005 movió unos 22.500 millones de euros, según el Ministerio de Vivienda, y que ha alumbrado, en poco tiempo y en muchos casos entre recalificaciones y planes urbanísticos a medida, una variopinta generación de nuevos ricos.

Promotoras y gestoras de suelo como Martinsa, Polaris, Astroc, Marina d'Or u Onde 2000 están empezando -algunas muy tímidamente- ya hacen sombra a constructoras e inmobiliarias tan consagradas como ACS, Ferrovial, FCC, Sacyr Vallehermoso, Acciona, Metrovacesa, Fadesa o Sacresa. Y nombres como Luis Portillo, Fernando Martín, Francisco Hernando, Enrique Bañuelos, Enrique Ortiz, Jesús Ger, Pedro García Meroño, Facundo Armero o Trinitario Casanova no sólo empiezan a ganarse un hueco al lado de los renombrados apellidos Koplowitz, Entrecanales, Del Pino, Rivero, Jové o Sanahuja: también comienzan a amasar grandes fortunas.

Si la Duquesa de Alba podía ir de Madrid a Sevilla sin salir de casa -en alusión a su gran extensión de tierras-, las bolsas de suelo de algunos de los nombres anteriores poco tienen que envidiar. Son los nuevos dueños de la tierra, los nuevos ricos alrededor del negocio del ladrillo.

El vallisoletano Fernando Martín, fugaz ex presidente del Real Madrid, es uno de los mayores propietarios de suelo a través de su grupo, Martinsa. El año pasado invirtió más de 666 millones de euros en compras de suelo, engrosando su cartera de más de siete millones de metros cuadrados repartidos entre Madrid, Galicia, Valencia, Castilla y León, Andalucía y Baleares. En 2005 ganó 145 millones de euros. Se le estima un patrimonio de 1.800 millones de euros.

La murciana Polaris World, otro caso, está especializada en lujosos resorts al más puro estilo de Florida (Estados Unidos). Se fundó en 2001 por Pedro García Meroño, un emprendedor que se fue a vivir a Miami y al regresar a España se unió a Facundo Armero, un pequeño constructor de Torre Pacheco. Las sospechas sobre todo un entramado de favores políticos desluce el gran milagro de la empresa: haber alcanzado en sólo cuatro años de vida una facturación de 500 millones de euros y una de las mayores carteras de suelo de España: nada menos que 40 millones de metros cuadrados.

La tierra se reparte entre unos pocos. En España, el 7% del suelo urbano de las ocho áreas metropolitanas más importantes está en manos de sólo 75 dueños. En Madrid, por ejemplo, una persona y tres empresas poseen el 4,27% de todo el suelo sobre el que se pude construir; en Sevilla, un particular y seis sociedades acumulan nada menos que el 18,36%, según un estudio del Ministerio de Vivienda, que se niega a revelar sus identidades. La creencia de que la Iglesia y el Ejército son los mayores propietarios de suelo en España puede empezar a tambalearse.

El perfil de los nuevos terratenientes es variado. Los hay con malas artes -amenazas incluidas-, los que presumen de sus riquezas y surcan el Mediterráneo con lujosos yates y aquellos que sienten aversión a su proyección pública.

La legislación urbanística valenciana -cuyo modelo resultante ha sido puesto en entredicho por Bruselas- ha favorecido crecimientos desorbitados de muchos promotores locales sin transgredir la norma, señala la consultora Richard Ellis.

Astroc, empresa fundada por Enrique Bañuelos, es el paradigma del enriquecimiento con el suelo: se encarga de la gestión de parcelas urbanizables y no urbanizables y su transformación en terreno urbano para su posterior venta o desarrollo.

Bañuelos, un saguntino de 40 años, ha sacado el máximo partido a la normativa valenciana de suelo y la figura del agente urbanizador: un promotor particular puede presentar un proyecto para urbanizar un terreno que no posee - un Plan de Actuación Integral (PAI)- y si el Gobierno local le da luz verde se adjudica todo el proceso de transformación en suelo urbano. Los propietarios del solar afectado, normalmente rústico, pueden elegir entre pagar a la empresa promotora del PAI o cederle terrenos a cambio de la urbanización llevada a cabo.

Sobre esta base legal, que ha sido reformulada recientemente, Bañuelos ha construido un pequeño y joven imperio: en 10 años ha presentado 37 PAI de 17,4 millones de metros cuadrados, lo que supone la construcción de 50.000 viviendas. Su reciente y existosa salida a Bolsa ha dejado boquiabiertos a los analistas. Astroc cuenta hoy una cartera de suelo de seis millones de metros cuadrados ubicados sobre todo en la Comunidad Valenciana. Con una estrecha relación con Bancaja en sus inicios, Bañuelos vive actualmente en Nueva York, cuenta con una poderosa fundación y, tras pisar el parqué, controla el 70% de la compañía, valorada en 1.600 millones de euros.

No quiere que le mezclen con la cultura de la especulación, de las malas artes alrededor del ladrillo. "Nosotros hemos salido a cotizar a Bolsa precisamente porque somos una empresa transparente y en el sector ya se está produciendo la depuración necesaria de los no profesionales o que operan con algún tipo de ilegalidad", remarca el consejero delegado de Astroc, Jon Palomero.

Más allá de la operación Malaya en Marbella, hay otros supuestos delitos urbanísticos. Izquierda Unida (IU) acaba de presentar una denuncia ante la Fiscalía Anticorrupción para que se investigue a cargos políticos del PP y del PSOE por una recalificación masiva de suelo en Seseña (Toledo) a favor del promotor Francisco Hernando. Este madrileño nacido en 1945, conocido como Paco el Pocero, apenas aprendió a leer y escribir y hoy levanta en Seseña una urbanización de 13.500 viviendas que, una vez terminada, rondará los 6.000 millones de euros de inversión. El supuesto "pelotazo urbanístico" propició una plusvalía de 1.500 millones de euros, según denuncia IU. La futura ciudad de El Pocero -a quien Zaplana le concedió una medalla al trabajo- no tiene asegurado el suministro de agua y nace de un suelo rústico recalificado a urbanizable.

Mientras las empresas concentran sobre todo suelo urbano, los ciudadanos, fincas rústicas, como Franciso Hernando. En Málaga, por ejemplo, siete empreas acumulan el 10% de los terrenos urbanos y ocho personas el 16,4% del suelo rústico. La mayor concentración de propiedad en Andalucía es herencia del latifundismo.

Volviendo al levante, Jesús Ger es el padre del fenómeno Marina d'Or, la empresa que da nombre a una macrourbanización turística en el municipio castellonense de Oropesa del Mar y en el vecino de Cabanes con nada menos que 19 millones de metros cuadrados listos para construir miles de apartamentos, hoteles y campos de golf. La inversión asciende a 6.000 millones de euros. Ger, cuya empresa posee más de la mitad de esta superficie, llevaba comprando suelo desde los ochenta, pero no ha sido hasta hace tres años cuando su compañía ha experimentado una explosión en toda regla y el lema publicitario Marina d'Or, Ciudad de Vacaciones bombardea a todas horas en cadenas de televisión, radio y periódicos. No se conoce a cuánto asciende la fortuna personal de este empresario, catalán de nacimiento y afincado en Castellón, pero la expansión de su negocio y la relación con el Ayuntamiento de Oropesa (PP) ha despertado las suspicacias de grupos municipales como IU, azote de posibles irregularidades urbanísticas en toda España.

Estas conexiones no impiden que Ger se haya labrado su posición desde la estricta legalidad. "Jesús es el clásico emprendedor hecho a sí mismo", explica el director financiera de su empresa, Jesús Alejano. Ahora no quiere seguir el camino solo.

La Comunidad Valenciana ha soportado en los últimos años importantes recalificaciones y se han anunciado ocho importantes planes urbanísticos, como el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) en Alicante hace un año, en el que se liberaron cuatro millones de metros cuadrados para uso industrial.

Destaca en la costa levantina la fuerte presión por comprar suelo de segunda residencia, el destinado al golf más hotel residencial, favorecido por el reclamo que supone la Copa del América, en 2007, y la fuerte entrada de pasajeros procedentes de aerolíneas de bajo coste.

Los vínculos políticos, probados en varios casos, especialmente en la Comunidad Valenciana y en Murcia, con casos como los de Enrique Ortiz, máximo accionista del Hércules y promotor del polémico plan Rabassa (Alicante) o el prudente Tomás Fuertes, dueño de El Pozo, en Murcia, por citar algunos ejemplos, son fundamentales para que los promotores lleven a buen puerto sus planes urbanísticos.

Como también lo son, recuerda el profesor de la Universidad de Barcelona Gonzalo Bernardos, experto inmobiliario, el "apoyo" del sector financiero, en algunos casos manifiesto y en otros más discreto. Sorprende en el sector cómo el sevillano Luis Portillo, presidente de Inmocaral, una pequeña inmobiliaria que apenas factura seis millones de euros, ha podido lanzar una oferta pública de adquisición de acciones (OPA) sobre Colonial, una de las grandes del sector, hasta 150 veces mayor que Inmocaral, por 3.761 millones de euros.

"A mi no me han recalificado un terreno en la vida", aseguraba Portillo en una reciente entrevista a este diario. Sí, admitía, sin embargo, que no existe promotor que no tenga buenas relaciones con el Ayuntamiento en el que está trabajando ni grandes líneas de crédito.

La tendencia de las inmobiliarias es situar la adquisición y gestión de suelo como una de las áreas estratégicas de su actividad . La búsqueda de oportunidades atractivas de inversión en cuanto a localización y precio es un factor relevante en un escenario de terrenos edificables y de fuerte aumento del precio del suelo.

Frenar los abusos urbanísticos y la escalada de precios de la vivienda son, justamente, los dos grandes objetivos de la futura Ley de Suelo, pero los promotores le vaticinan efectos perversos como el encarecimiento de los pisos. La norma fija una reserva mínima del 25% del suelo residencial para vivienda protegida y establece un nuevo régimen de valoraciones basado en la situación real de los terrenos, y no en las expectativas, para no favorecer las reclasificaciones o calificaciones especulativas ni las retenciones de suelo, entre otras medidas.

La Asociación de Promotores Constructores de España (APCE) alerta de una subida adicional del precio de la vivienda del 4% -y del 6% en grandes ciudades- como consecuencia directa de la Ley. Aseguran que el nuevo sistema de valoración del suelo rústico, al socavar las plusvalías que generan la recalificación de terrenos, también dinamita las garantías que hasta ahora necesitaban los bancos para financiar la construcción de viviendas, con lo que endurecerá las condiciones de los préstamos. También acelerará los precios el aumento de la cesión de suelo los ayuntamientos, de hasta un 15%.

"Los que realmente se han hecho ricos con el boom de la vivienda son los propietarios de suelo", sentencia el secretario de Vivienda de la Generalitat de Cataluña, Ricard Fernández. Este experto rechaza la tesis anterior de que la escasez y el precio del suelo sean los principales culpables del encarecimiento de la vivienda. "Es al revés porque el precio del suelo se establece en función de cada metro cuadrado de techo que se pueda edificar en él. Así, el suelo se encarece mucho más que los pisos".

Mientras el precio de la vivienda ha subido un 135% entre 1998 y 2005, el del suelo urbano se ha multiplicado por cinco, según el Banco de España.Si David Ricardo, una de las figuras de la economía clásica, levantara la cabeza vería alterada su teoría de que los rendimientos de la tierra decrecen. Aunque una de sus frases más famosas sigue hoy, dos siglos después, plenamente vigente: "Los intereses de los terratenientes están en contra de los del resto de colectivos".

Enrique Bañuelos Astroc (Valencia).Activos por 423 millones.Valor en Bolsa: 1.600 millones.

Fernando Martín Dueño de Martinsa, creada en 1991.Tiene 7 millones de metros cuadrados.En 2005 ganó 145 millones de euros.

Luis Portillo Preside Inmocaral.Factura 6 millones de euros.OPA a Colonial por 3.761 millones.

P. García Meroño y F. Armero Polaris World (Murcia, 2001).40 millones de metros cuadrados.Factura 500 millones de euros.

Francisco Hernando 'El Pocero' ONDE 2000.13.500 viviendas en Seseña (Toledo).Investigado por las recalificaciones.

Jesús Ger Marina d'Or (Valencia).Posee 10 millones de metros cuadrados.Levanta otra macrourbanización

El Gobierno suspende en la vigilancia del dinero negro en inmobiliarias, notarías y abogados

España merece un discreto aprobado en su sistema de control del blanqueo de dinero, pero suspende en una asignatura muy importante: no hay una "adecuada supervisión" de las actividades que desarrollan los despachos de abogados, notarías, inmobiliarias, registradores, asesores, joyeros y casinos. Ese es el resultado del examen al que ha sido sometido por el Gafi (Grupo de Acción Financiera), el organismo intergubernamental especializado en la lucha contra el blanqueo de capitales. Los expertos del Gafi llegan a sorprenderse de que el organismo supervisor español, el Sepblac (Servicio el Ejecutivo para la Prevención del Blanqueo de Capitales) sólo dispusiera de dos inspectores para vigilar las actividades de estos profesionales. La redacción del informe final no ha estado a salvo de tensiones debido a las presiones de las autoridades españolas por salvar el aprobado, según reconocen fuentes cercanas al Banco de España.

De la importancia de algunos de estos sectores dan cuenta los últimos escándalos de corrupción destapados por la policía (operación Ballena Blanca y Malaya, entre otros) que han puesto en evidencia, precisamente, el papel protagonista que han desarrollado en actividades de lavado de dinero algunos despachos de abogados en colaboración con notarios, siendo el hilo conductor del movimiento de dinero el negocio inmobiliario.

El suspenso más importante que sufre España ante el Gafi tiene que ver con la falta de información y la escasa capacidad de supervisión de las actividades de despachos de abogados, notarios, registradores, auditores, expertos fiscales, joyeros, inmobiliarias e incluso casinos, que son sujetos obligados a informar de operaciones sospechosas en el marco de la lucha contra el blanqueo de capitales. "El informe viene a decir", comenta un experto, "que hay un auténtico agujero negro en estos sectores". El informe no sólo valora que estos colectivos producen escasa información y de escasa calidad, sino que pone énfasis en la falta de recursos del órgano de vigilancia (el Sepblac) para la supervisión de sus actividades: el Sepblac sólo dispone de dos personas para hacer tareas de inspección y análisis de la información recibida.

El informe se detiene en las actividades de estos grupos profesionales o negocios no financieros que pueden tener un papel importante en actividades relacionadas con el blanqueo de dinero. Estudia la legislación española y la obligación que tienen estos colectivos de informar sobre sus actividades cuando exista una sospecha de blanqueo, independientemente de la cantidad de dinero que esté en juego. El Gafi recomienda a España que mejore su legislación en este terreno, que profundice sus canales de supervisión y que colabore activamente con las asociaciones profesionales de dichos colectivos.

El informe repara en el escaso número de comunicaciones sobre operaciones sospechosas emitidas por estos colectivos, que asciende a 18 comunicaciones entre los años 2001 y 2004, y en la escasa calidad de la información que envían a los organismos supervisores. En el caso de notarías e inmobiliarias, el informe califica sus actividades como de mayor riesgo. Explica el Gafi que estos sectores son sensibles a operaciones relacionadas con "clientes residentes en paraísos fiscales, o procedentes de países o territorios que no cooperan en la lucha contra el blanqueo o en los que públicamente se conoce que hay organizaciones activas relacionadas con el crimen organizado". El informe señala que hay en España más de 3.000 notarios y cifra en 45.800 el número de inmobiliarias censadas, "de las cuales sólo 4.600 tienen más de tres empleados". El 70% de estas empresas están concentradas en Cataluña, Madrid, Andalucía y Valencia.

Hace el informe especial referencia a los notarios, a los que califica como una parte del sistema de prevención de blanqueo como funcionarios públicos y como sujetos obligados. El informe destaca que el Sepblac recibió 2.532 comunicaciones por parte de los notarios "que no contienen suficiente información como para calificarlas de comunicaciones sospechosas". El informe explica que, como sucede en otros países, en España los notarios no tienen comunicación entre sí y carecen de una base de datos de clientes, de tal manera que "no hay forma de saber si un cliente ha acudido a varios notarios en el mismo día". Aunque los notarios, a través de su órgano central (el Colegio General del Notariado), han puesto en marcha desde diciembre de 2005 un nuevo mecanismo para centralizar y mejorar la información, el informe señala que es muy pronto para valorar su eficacia.

El informe añade que el Sepblac no ha realizado todavía ninguna inspección en auditores, despachos de abogados, asesores y notarías. Sólo en 2005 se hicieron dos inspecciones en casinos y joyerías (hay más de 12.000 joyeros en España) por 13 en las inmobiliarias, con un número sensiblemente mayor de empresas.

Por ese motivo, el informe suspende a España en este terreno porque no existe "una adecuada supervisión". El informe resalta que "sólo dos personas (que han aumentado hasta cuatro y que pueden aumentar en un futuro) deben ocuparse tanto de hacer inspecciones como de analizar estas informaciones".

El Gafi es un organismo intergubernamental especializado en la lucha contra el lavado de dinero y al que pertenecen 31 países, además de la Comisión Europea y el Consejo de Cooperación del Golfo. Fue fundado en París en 1989 con ocasión de una cumbre del G-7 para estudiar medidas contra el blanqueo de dinero y la financiación del terrorismo. El Gafi elaboró una lista de 40 recomendaciones que los Estados miembros se comprometen a cumplir, recomendaciones que fueron revisadas a partir de los atentados del 11-S en Estados Unidos, con la incorporación de otras nueve recomendaciones relacionadas exclusivamente con la financiación del terrorismo.

Los países miembros se someten cada año a unos ejercicios de evaluación y han de pasar también un examen global, más en profundidad. España, que presidió el Gafi en 2001, se había mostrado reticente en los últimos años a la evaluación global, según fuentes consultadas. Finalmente, el primer examen se ha producido y el informe final concluyó el pasado 23 de junio.

El examen de los expertos internacionales no ha estado exento de tensiones, puesto que había al menos 12 capítulos en los que España corría riesgo de merecer un suspenso. El balance final señala que, de las 40 recomendaciones, España cumple totalmente con 10, hay 14 que cumple ampliamente, 11 sólo parcialmente y tres en las que suspende. Sin embargo, los expertos no ocultan que, fuera de las calificaciones, los comentarios que desprende el informe son "duros y elocuentes en algunos casos. Siendo España un país de alto riesgo en esta materia, el balance no es para sentirse satisfechos".

BANCOS CORRESPONSALES: Agujeros negros en las cuentas en el extranjero

España no cumple en el control de cuentas de los corresponsales que tienen los bancos en el exterior. Se trata de cuentas en otras instituciones financieras que los bancos utilizan cuando no tienen sucursales en determinados países. El GAFI obliga a que se tenga información no sólo de los movimientos de estas cuentas, sino de qué personas o empresas están detrás de ellos, cuál es el origen de los fondos que manejan y qué actividad tienen sus titulares. Se trata de que los bancos apliquen a esas cuentas los mismos criterios que a un cliente en España, que no cumple en este aspecto. Según un experto, "éste es un problema que sufren muchos países a la hora de mover dinero hacia países poco democráticos o paraísos fiscales".

El GAFI critica en otro apartado que no hay medidas legales que prohíban a las instituciones financieras tener relaciones con los denominados bancos pantalla (en paraísos fiscales) que no ofrecen información de sus clientes. El informe determina que la legislación no cumple las recomendaciones del organismo y sostiene que debe existir una prohibición que impida a las entidades que sus cuentas en el extranjero sean usadas por esos bancos pantalla.

POLÍTICOS, CONCEJALES Y ALTOS FUNCIONARIOS: Falta de control de clientes "con perfil político"

El informe del GAFI concluye que "España no ha tomado medidas adecuadas" para una eficaz vigilancia de los "clientes de alto riesgo" o "personas políticamente expuestas". Algunos expertos hacen referencia en este apartado a altos funcionarios, "o simplemente a concejales o responsables de urbanismo". "Si hubiera un mayor control sobre sus cuentas o sus actividades económicas, quizás se hubieran podido evitar a tiempo recientes escándalos", afirma uno de ellos.

El informe hace especial mención a "las cuentas abiertas en España por gente con un perfil político alto, funcionarios o similares (directores de compañías públicas, etcétera) de países no democráticos, incluyendo sus familiares más cercanos, que reciben fondos del exterior que luego usan para adquirir bienes inmobiliarios o activos financieros de un alto valor".

A pesar de que la ley española recomienda un control de sus cuentas, no es suficientemente precisa para que los bancos se vean obligados a llevar a cabo dicha vigilancia. "En términos de aplicación tenemos serias dudas de cómo las instituciones financieras (y no sólo las más grandes) se sienten comprometidas a entender esa obligación".

El viaje de Zapatero

JUAN JOSÉ MILLAS
EL PAIS SEMANAL - 23-07-2006

Aquel día nos despertamos con la revelación de que los intereses de Zapatero coincidían punto por punto con los de ETA. Así apareció en los periódicos, que citaban fuentes del PP cuyos líderes confirmaron y amplificaron la noticia a través de las emisoras de radio, mientras desayunábamos. La revelación funcionó a la manera de un Apocalipsis de bolsillo que alivió la contrariedad de que el mundo, pese a ser el 6-06-06, no se hubiera acabado. El fin del mundo tiene un extraordinario tirón electoral que había venido explotando en régimen de monopolio el PP. Lo normal, pues, es que ofreciera algo a cambio. Y ahí estaba: Zapatero y ETA eran siameses.

Todos pensamos que el Gobierno, tras este descubrimiento escandaloso, se iría al carajo. Inconcebiblemente, no ocurrió nada, en parte porque el fin del mundo no es lo que era y en parte porque España no existía. Así lo había asegurado también Rajoy unos días antes sin que nadie le prestara atención. “Este hombre”, dijo refiriéndose a Zapatero, “ha borrado a España del mapa”. Y no la había borrado de cualquier manera, sino con la minuciosidad de un psicópata, desmembrándola región a región y escondiendo sus extremidades en la nevera, para devorarlas poco a poco.

No era todo: un columnista, apenas unos días antes de la fecha del fin del mundo, había escrito que la capacidad de Zapatero para el Mal (así, con mayúscula) carecía de límites; otro, que era un tontiloco al que atribuía sin embargo poderes especiales para acabar él solo con el Estado de derecho. Uno más lo comparó con Harry Potter, asegurando que vivía, junto a su mujer e hijas, rodeado de búhos. Alguien nos advirtió de que sus formas suaves ocultaban a un lobo sediento de sangre. Un profesor, no recordamos ahora mismo de qué materia, lo describiría como “un hombre resentido, simulador, visceral, con obsesiones políticamente inconfesables”. Rajoy, solo o en compañía de otros, había dicho de él una y otra vez que era un inconsistente, un tonto, un inútil, un bobo, un incapaz, un acomplejado, un cobarde, un prepotente, un mentiroso, un inestable, un desleal, un perezoso, un pardillo, un irresponsable, un revanchista, un débil, un arcángel, un sectario, un radical, un chisgarabís, un maniobrero, un indecente, un loco, un hooligan, un propagandista, un visionario, un chapucero, un excéntrico, un disimulador, un estafador, un agitador, un fracasado, un triturador constitucional, un malabarista, un mendigo de treguas, un traidor a los muertos… Había asegurado que no tenía programa, que no tenía equipo, que no tenía proyecto, que no tenía ideas, que no tenía agallas (el buen gusto le impedía añadir que no tenía pilila). Pese a tantas y tan graves carencias, se le atribuían empeños heroicos, como el de pretender ganar la Guerra Civil con setenta años de retraso.

El domingo anterior a este martes negro, una caricatura del diario El Mundo mostraba a Zapatero regando una planta (la de la paz) con las aguas fecales procedentes de una manguera que salía de una alcantarilla. La manguera estaba dibujada de tal forma que parecía al mismo tiempo la cola de una rata estratégicamente colocada en el cuerpo del presidente del Gobierno. Se sugería así que reinaba en las cloacas, como uno de los más célebres enemigos de Batman y de Robin. “Este presidente”, escribía un catedrático en Abc, “adolece de una inanidad intelectual indisimulable, casi espectacular”. Álex Vidal-Quadras, en La Razón, le atribuía el empeño de “resucitar el clima cainita de la II República”. Santos Juliá escribía en EL PAÍS: “Hay que mirar muy atrás para encontrar un presidente de pensamiento tan débil, pero tan rebosante de lo que, a falta de mejor definición, acostumbramos a llamar instinto de poder”. José García Abad atribuía a Felipe González la siguiente frase, referida a Zapatero: “Éste sigue con su idea… Que no pasa nada… Que no pasa nada… Y se nos cae el invento. Está loco…”.

Si tuviéramos que hacer una relación de los calificativos (con frecuencia contradictorios) aplicados a José Luis Rodríguez Zapatero desde diferentes sectores y a lo largo de estos dos años de Gobierno, necesitaríamos un volumen de la Espasa. Y ello sin contabilizar los lanzados desde las manifestaciones de la derecha que salió a la calle en varias ocasiones, unas a favor del matrimonio (cuya destrucción, junto a España y el Estado de derecho, era uno de los objetivos de Zapatero); otras, a favor de Dios (que, increíblemente, estaba perdiendo la batalla también frente a este individuo de formas educadas), y, otras, en contra de su política antiterrorista, pues llevábamos ya tres años sin muertos, dos de los cuales se podían imputar, evidentemente, a su gestión. Asimismo, durante este periodo se había derogado una norma no escrita, dictada por Aznar y aceptada por las fuerzas políticas y la ciudadanía, según la cual el responsable de un crimen era el criminal. Ahora, si alguien lanzaba un cóctel molotov contra un cajero automático, el responsable era, indefectiblemente, Zapatero. En cuanto a los comunicados de la banda, gozaban también, al contrario de lo que ocurría en otras épocas, de más credibilidad que los del Gobierno. Si el 11-M se calificaba de miserables a quienes creían a Otegi en vez de al ministro del Interior, ahora los miserables eran quienes creían al ministro del Interior en vez de a Otegi. Lo que decían ETA o Batasuna iba a misa. Y, hablando de misas, hasta los obispos, que no se habían manifestado jamás, nunca, por nada, pese a las imperfecciones del mundo, abandonaron ostentóreamente (cortesía de Gil y Gil) sus palacios y tomaron las calles con sus gafas de sol para rasgarse las vestiduras frente a las cámaras de la tele.

Entre unos y otros, habían convertido a Zapatero en un superhéroe inverso, en un canalla, si ustedes quieren, pero un canalla con cualidades sobrenaturales contra el que no habían aparecido un Batman, un Supermán, ni siquiera un Hombre Araña capaz de hacerle frente. Las fuerzas del bien, representadas por Rajoy, Acebes y Zaplana (tres flojos), sólo podían rezar el rosario y encargar novenas frente a una población que parecía anestesiada. Tanto era así que Zapatero ni siquiera necesitó defenderse de la evidencia de haberse puesto al servicio de ETA. Más aún, ordenó a su gente que no respondiera a aquella imputación que, de ser cierta, constituiría un delito de colaboración con banda armada.

Cuando la tarde del 6-06-06 Rajoy anunció en el Congreso que daba por rotas las relaciones con el Gobierno de España, España, España, el presidente del Gobierno subió a la tribuna de oradores y le respondió con educación, con cortesía, con amabilidad, invitándole una y otra vez a sumarse al resto de la Cámara para terminar con la violencia. Por no responder, Zapatero no respondió ni a Esperanza Aguirre, que ese mismo día le echó en cara que aún no hubiera pedido perdón por los “Gulag” de Stalin. Zapatero le podía haber contestado que Manuel Fraga, felizmente reinsertado sin haber pedido perdón por sus crímenes, fue uno de los colaboradores más activos de la banda armada de Franco antes de presidir el PP. En lugar de eso, calló y ordenó a los suyos tender puentes con el adversario. Al día siguiente, un José Blanco lívido, si se me permite la redundancia, pedía públicamente disculpas al PP si se le había ofendido en algo.

Un hombre del que se afirmaba simultáneamente que era listo y tonto, grande y pequeño, alto y bajo, ingenuo y malicioso, bondadoso y perverso, vanidoso y humilde, calculador y visceral, etcétera, era, literariamente hablando, un mito. Y con la actitud sobrecogida del que espera a un mito le aguardaba yo la mañana del domingo 21 de mayo en el helipuerto del palacio de la Moncloa, para acompañarle a Barakaldo, donde daría un mitin. Aunque habían anunciado que las temperaturas a mediodía serían altas, ahora hacía un fresco que combatíamos frotándonos las manos mientras íbamos de un lado a otro de la pista. En esto, apareció un coche con los cristales ahumados del que descendió un individuo normalmente constituido, con expresión de sueño. Al darle la mano, observé que se había dejado al afeitarse tres o cuatro pelillos de difícil acceso debajo de la nariz y que tenía un pequeño derrame en el ojo derecho. Costaba creer que se tratara de José Luis Rodríguez Zapatero, pues no se advertía en él ningún atributo sobrenatural. O sea, que mucho ruido y pocas nueces.

Aunque, para ruido, el que había dentro del helicóptero de las Fuerzas Armadas que nos trasladó a Torrejón, donde tomaríamos una aeronave. El viaje desde Moncloa a la base aérea apenas dura 10 minutos, pero resultan inolvidables por el estruendo de las aspas y también por el olor a gasolina, que coloca mucho, una cosa por otra. Le pregunté a Zapatero si el helicóptero de Bush sería tan agresivo y me dijo que no estaba seguro, pero que creía que no. Luego fingimos mantener una conversación, pues aunque ni yo le oía a él ni él a mí, sonreíamos mucho y asentíamos sin parar como cuando hablas con alguien cuyo idioma no entiendes y no te atreves a decírselo. De vez en cuando, mirábamos por la ventanilla. Madrid tenía el aire característico de un domingo por la mañana, sin tráfico, sin humo, sin nervios: un mundo de café con leche y periódicos desplegados sobre las mesas de las primeras terrazas veraniegas. Le pregunté qué iba a decir en Barakaldo, donde los socialistas celebraban el Día de la Rosa, y me dijo que iba a dar un par de titulares.

–Ya he aprendido a dar titulares –añadió con ironía–. Al principio creía que bastaba con dar ideas. Pero me decían que no, que había que dar titulares.

De modo que él se dedicó a lo suyo y yo a lo mío. Pero tuvo más éxito él en lo suyo que yo en lo mío, pues triunfó en el mitin, donde la gente se mató a aplaudirle, y logró ser cabecera de todos los telediarios. Yo, en cambio, no di con ningún signo que delatara su alianza con los poderes infernales. Y después de triunfar, en vez de quedarse a comer con los amigotes, volvió a casa, para pasar el resto del domingo en familia. Todo muy decepcionante, incluido el discurso con el que arrebató los aplausos, en el que no insultó a nadie ni se cagó en nada ni ridiculizó a sus adversarios. Recordó con emoción a los muertos, dijo que los valientes son los que usan la palabra, pues sólo el miedo recurre a la fuerza, y tras lanzar un mensaje de esperanza a los asistentes, asegurándoles que lo iban a conseguir, que iban a ver el final de la violencia, anunció que a lo largo del mes de junio acudiría al Congreso para anunciar el principio de los contactos con ETA. Todo en un tono muy civilizado, muy reflexivo, asegurando que la fórmula para obtener resultados era una combinación de paciencia democrática más valentía.

Ya en el avión, durante el viaje de vuelta, decidí meter el dedo en una zona de su biografía sobre la que sabemos poco. Rodríguez Zapatero fue diputado por León durante 20 años. Eso quiere decir que pasaba prácticamente la mitad de la semana en Madrid, completamente solo, alejado de su familia y sin nadie que le controlara. Era como vivir una vida dentro de otra. Sabemos a lo que se dedicaba en la vida de afuera. ¿Pero en la de dentro? ¿Adónde iba por las tardes, al salir del Congreso? ¿Qué hacía al llegar al apartamento o al hotel? ¿Qué libros había en su mesilla? ¿Qué pensaba cuando se despertaba en medio de la noche y durante una fracción de segundo no sabía si estaba aquí o allí? ¿Cómo imaginaba que sería el resto de su vida? ¿Cómo, el resto de la nuestra? La historia de la literatura está llena de individuos que en situaciones semejantes se aficionan al satanismo, al bricolaje, a los burdeles o a la investigación sobre el movimiento continuo. Convencido aún de encontrarme frente a un mito, me dio por imaginar que durante aquellos años le había ocurrido algo esencial que explicaría, de un lado, la existencia de sus superpoderes, y, de otro, el hecho de que los dedicara a la propagación del mal.

Pero me quitó la idea de la cabeza enseguida. Dijo que no le había ocurrido nada esencial durante aquellos años. Había llegado a Madrid, desde León, con lo esencial puesto. Añadió que paraba siempre en hoteles, porque la idea del apartamento le desagradaba, y que su dedicación al Parlamento era tal que no le quedaba tiempo para otra cosa. No era un diputado conocido, pero sí reconocido, pues echaba muchas horas en el despacho y trabajaba bien, según los cronistas parlamentarios de la época. Cuando salía, era, por lo general, de noche, y o bien se iba a cenar con los compañeros o bien se metía en un cine de la Gran Vía. Al salir del cine, entraba en el VIPS, tomaba algo y compraba la prensa del día siguiente, con la que se iba al hotel como un niño con zapatos nuevos. Recuerda, el de leer la prensa del día siguiente antes de acostarse, como uno de los grandes placeres de la época.

Intenté extraer alguna conclusión sobre esta afición a sacar unas horas de ventaja a sus contemporáneos, pero tampoco me ayudó. En vez de alimentar el mito, como Dios manda, se empeñaba en destruirlo, comportándose como un sujeto normal. Así las cosas, la conversación comenzó a languidecer. Me pareció, sin embargo, que miraba por la ventanilla del avión con expresión nostálgica, como si se acordara de algo perdido o muerto. Se trataba de una expresión que ya le había visto en el coche oficial. Estuvo de acuerdo conmigo en que echaba de menos aquellos días en los que podía caminar solo por la calle, un placer del que no había vuelto a disfrutar desde que ganara el congreso de su partido. Tal vez, cuando se asomaba al mundo por la ventanilla, contemplaba una versión de sí en la que continuaba siendo un desconocido que compraba la prensa del día siguiente en VIPS. Tal vez se veía saliendo del cine, caminando, Gran Vía abajo, hacia uno de los hoteles –el Prado, el Suecia, el Carlton, el Inglés– que entonces frecuentaba. Tal vez se imaginaba entrando en la habitación, quitándose la chaqueta y la corbata. Podemos verlo sentado en el borde de la cama, telefoneando a su mujer, para ver cómo estaba todo por León. Dice que sí, que llamaba mucho a su mujer, varias veces al día. Por lo demás, no le molestaba estar solo. Siempre ha apreciado un cierto grado de soledad.

El avión de las Fuerzas Armadas en el que viajábamos tenía, pese a sus comodidades, un aire un poco cuartelero. Las almendras y la cerveza que nos sirvieron sabían a cantina. No se puede ganar una cosa (ni las elecciones) sin perder otra. Se lo comenté a Zapatero y me dijo que la vida era así, una curiosa mezcla entre la nostalgia y la esperanza.

–Cuando nació mi hija mayor, por ejemplo, yo estaba asistiendo al declive de mi partido. Una cosa muere y nace otra. Un primo carnal mío, al que mi padre quería mucho, murió a los nueve años, cuando yo estaba a punto de nacer. Y mi madre falleció cuando tomaba las riendas del partido. La muerte y la vida van juntas. Siempre es así. Sentí mucho lo de mi madre porque nadie, como ella, habría disfrutado tanto de esta época. Yo era su ojito derecho –añadió riéndose con un punto de malicia.

Nos despedimos en Moncloa, después de otra sobredosis de gasolina y ruido, y yo me fui a casa completamente decepcionado. No había conseguido ver al diablo ni al arcángel ni al brujo ni al psicópata que, de acuerdo con mi documentación, habitaban sucesiva o simultáneamente en el cuerpo de ese hombre. Pero sí había dado titulares, pues también los periódicos del día siguiente abrieron con sus palabras en el mitin de Barakaldo.

José Luis Rodríguez Zapatero lleva dos años gobernando, pero parece que lleva quince debido a la velocidad diabólica (nunca mejor dicho) que ha impreso a su legislatura. Trabaja con la tenacidad de un aficionado al bricolaje y llega con el destornillador a todas partes. A la rapidez con la que cumplió la promesa de traer las tropas de Irak, se sumó la creación de un Consejo de Ministros paritario desde el que ha sacado adelante la ley contra la violencia de género, la de igualdad, la de matrimonios homosexuales, la de dependencia, la del tabaco, la de reproducción asistida… Éstas son algunas de las más conocidas, porque afectan a la vida cotidiana de grandes colectivos y han acaparado la atención de los medios. Pero también en lo aparentemente pequeño se percibe la actividad del destornillador. Así, durante este tiempo se ha suprimido la tartamudez como causa de exclusión en el acceso al empleo público; se ha incrementado en un 30% la inserción laboral de personas con discapacidad; se ha aprobado la ley que reconoce la lengua de signos (una antiquísima reivindicación del colectivo de sordos) y la de asistencia gratuita jurídica a personas con discapacidad. Ha mejorado la ley del divorcio (ya no es necesario que haya un culpable)… De entre sus perversas pasiones, la de la igualdad es la que más le obsesiona y a la que más tiempo dedica.

Lo curioso, con todo, no es que Zapatero dé la impresión de gobernar desde hace quince años, sino que Rajoy parece que lleva treinta años en la oposición. Y al día siguiente de haber perdido el último debate sobre el estado de la nación parecía que llevaba treinta y uno. Ni los propios socialistas comprendían muy bien qué le había ocurrido al que pasa por ser el mejor orador de la Cámara. La justificación más extendida era que Rajoy había perdido por negarse a hablar de terrorismo. Pero esa justificación resultaba terrible, pues confirmaba la idea, muy extendida, de que si al PP le quitas ETA se queda sin discurso.

El 31 de mayo, segunda jornada del debate sobre el estado de la nación, conseguí un pase especial para moverme a mis anchas por el Congreso. A las nueve en punto me encontraba en la tribuna de invitados. Miré hacia abajo y no vi a nadie, excepto a Zapatero y a María Teresa Fernández de la Vega, recién duchados y planchados los dos. Enseguida apareció Marín y tres o cuatro parlamentarios más. Poco a poco, la marea subió y a eso de las once había media entrada.

El segundo día del debate carece del morbo del primero, pero es excelente para apreciar el estado de ánimo de los grupos. La Cámara tiene la forma de un vaso en cuyo borde superior se encuentra la tribuna de invitados. Lo que se veía al mirar hacia abajo desde ese borde eran los restos del naufragio del grupo parlamentario popular. Los escasos asistentes de esa formación flotaban a la deriva entre un desolado mar de sillas. Recordé un verso de Virgilio, en La Eneida: “Aparent rari in gurgite vasto” (aparecen pocos náufragos en el vasto mar). Al mediodía entró en escena Rajoy, braceando penosamente hacia su escaño, que se había convertido en un resto de la embarcación con el que mantenerse a flote. Mientras el orador de turno hablaba, algunos de los que habían naufragado con él se acercaban nadando al pecio del dirigente popular e intercambiaban algunas palabras antes de regresar a su pedazo de madera.

Leyendo los periódicos, te dabas cuenta de que lo único que había hecho Zapatero para ganar el debate había sido poner enfrente de Rajoy un espejo. A cada crítica del dirigente popular, Zapatero le había respondido recordándole lo que hizo el PP, cuando gobernaba, en esa materia. Finalmente, le dio la puntilla con una frase capicúa muy apropiada para las vísperas de un Apocalipsis fallido: “Es usted, señor Rajoy, un profeta del desastre, pero un desastre como profeta”. Punto y aparte.

Tras echar una cabezada en mi silla de la tribuna de invitados (un periodista de La Vanguardia me pilló y lo publicó en su crónica), poco antes de la hora de la comida me acerqué a la zona del Gobierno, colándome en el despacho del presidente sin pedir permiso, a ver qué pasaba. No pasó nada. Lo encontré tomándose unas almendras con coca-cola en vez de sorprenderlo esnifando una raya de coca. Cogí una almendra del platillo, para analizarla más tarde, y le pregunté sagazmente cómo se encontraba (no lo puedo remediar, soy un tipo incisivo). Me dijo que el debate sobre el estado de la nación era un poco agotador, como jugar dos partidos de fútbol seguidos, pero se sentía en forma. Le pregunté entonces cómo se explicaba el costalazo de Rajoy y me dijo que un debate de esas características no se pierde o se gana porque tengas una buena o una mala tarde, sino porque hayas entrenado durante todo el año.

–Y Rajoy –añadió– ha venido sin entrenar. Se pasó el primer año de oposición hablando del 11-M y llegó al segundo sin respiración, y muy averiado respecto al Estatuto catalán. Su problema, ahora se ha visto, es que sólo tenía una oportunidad y se la ha jugado a la desesperada. En política las cosas no pasan porque sí. La política tiene una lógica aplastante. Se ha caído porque se tenía que caer.

En ese momento le llevaron la comida, y, aunque no me pidió que me marchara, lo hice por iniciativa propia, para aflojar un poco la presión y que se confiara. Tarde o temprano lo descubriría metiéndose un pico de heroína o hablando con Luzbel. Pasaban de las dos de la tarde y a las cuatro comenzaba de nuevo el debate. Pero no me fui lejos. Salí al pasillo y estuve merodeando por los alrededores del despacho, a la espera de alguna señal. Todo el mundo, excepto las secretarias del presidente, que pidieron unos bocadillos, se había ido a comer. No había moros en la costa, con perdón. En esto, escuché la voz de Zapatero, a través de la puerta del despacho que daba al pasillo. Hablaba por teléfono con alguien. Pegué el oído, convencido de que le iba a sorprender pactando con Josu Ternera el modo en que el Gobierno entregaría las armas a ETA, pero estaba resolviendo un asunto doméstico, algo relacionado con sus hijas. Me sorprendió que un tipo empeñado en acabar con la familia tuviera aquellas preocupaciones, pero lo cierto es que ya empezaba a dudar de todo.

Por la tarde, cuando terminó el debate sobre el estado de la nación, lo acompañé a Moncloa. Esa noche daba una entrevista en directo para un programa muy conocido de la televisión catalana. Su equipo estaba preocupado, pues podía ser el remate a dos días demasiado intensos. Pero no pasó nada. Zapatero llegó, se dio una ducha, se fotografió con las maquilladoras, habló por el móvil (es un vicioso del móvil), dio la entrevista, y aquí paz y después gloria.

Tras despedirlo a la puerta de su casa, un coche me llevó a la mía. En la radio había una tertulia de periodistas. Escuchándolos, daba la impresión de que quien había ganado el debate había sido Rajoy. Como tengo complejo de inferioridad, estuve a punto de dudar de mis sentidos. Al llegar a casa, en vez de acostarme, entré en Internet y revisé atentamente los titulares de la prensa de ese día y del anterior, advirtiendo de súbito la falta de apoyos mediáticos de Zapatero. Los periódicos de la derecha apoyaban sin excepción a Rajoy, intentando rebajar la magnitud de su descalabro, cuando no negándola, pero no había uno sólo que aplaudiera la actuación de Zapatero. Comparado con Aznar, que, además de manipular sin rubor los medios públicos, creó con el dinero de todos los españoles un gigantesco grupo mediático a su servicio, Zapatero se encontraba, desde el punto de vista mediático, desnudo. En parte, por voluntad propia, pues ni siquiera había intentado utilizar los medios públicos, como si no los quisiera o no diera importancia a su influencia. Esto puede chocar con una idea muy instalada según la cual hay una prensa que es mera correa de transmisión de sus iniciativas, pero basta repasar con cierta objetividad los titulares de estos dos años, así como los artículos de opinión, para comprobar lo que decimos. Hay, desde luego, unos medios que están más cerca de los planteamientos del PSOE que de los del PP, pero la figura de Zapatero no goza, ni de lejos, de los favores de los que gozó en su día Felipe González ni de los que disfrutó Aznar.

Pensé: Zapatero pertenece a una generación cuyos hermanos mayores forman parte de la del 68, caracterizada por ser una generación tapón. La generación del 68 siempre ha mirado con cierta displicencia a la del 80, cuyos componentes no se habían tenido que enfrentar al franquismo, no habían sufrido la clandestinidad, no habían leído los mismos libros (quizá ni siquiera habían leído). La gente del 80, desde el punto de vista de la gente del 68, eran unos flojos. No estaban politizados, no eran agresivos, pedían las cosas por favor y, en vez de asesinar a sus hermanos mayores, los habían observado siempre con admiración. Se me ocurrió que quizá la indiferencia, cuando no la hostilidad, con la que Zapatero era tratado en los mismos medios que tanto habían protegido a González se explicaba en términos generacionales, y llamé a José Andrés Torres Mora para comentárselo.

José Andrés Torres Mora es sociólogo y diputado del PSOE por Málaga. Pertenece a la generación de Zapatero y fue su jefe de gabinete desde que accedió a la secretaría general del PSOE hasta que ganó las elecciones. Su despacho, que se encontraba al lado del de Rodríguez Zapatero, estaba lleno de libros de teoría política. Si pasabas por allí, salías con tres o cuatro manuales de republicanismo debajo del brazo. Torres Mora habla como si hubiera alguien durmiendo, en un murmullo. Al principio ni le escuchas porque te parece mentira que de unas maneras tan sosegadas pueda salir algo medianamente agudo. Pero si prestas un poco de atención, resulta que pronuncia una o dos frases afiladas por minuto. Me confirmó, desde la sociología, que las dificultades de Zapatero con los medios se explicaban en clave generacional.

–La generación de Felipe González –añadió– tiene un gran relato sobre sí misma, un relato épico. Nosotros somos una generación sin relato. Más aún: nuestra generación no hace relato, no relata, no escribimos, no hay cosas nuestras. No estuvimos detenidos, no conocimos el mayo del 68, no contribuimos a construir una democracia que apreciábamos, pero en la que no había sitio para nosotros, pues cuando intentamos irnos de casa, no había un mercado laboral en el que refugiarnos. No podíamos ser ciudadanos porque no se puede ser ciudadano en casa. Se es ciudadano en la calle, en el trabajo, en el ágora, en el Parlamento. Sin embargo, y como dijo Zapatero en su día, nuestra lengua materna es la democracia. Por eso entendemos a la generación de Felipe mejor que ella a la nuestra. Nosotros, para salir adelante, nos hemos tenido que mover en ángulo ciego de la sociedad. Adelantamos a Bono en el congreso del PSOE por ese lado, lo mismo que a Aznar. Ni Bono ni Aznar se lo podían creer, porque ni nos habían visto llegar. Y no necesitamos a los medios como los necesitaron Felipe o Aznar porque nosotros conectamos con el ciudadano gracias a la fuerza que nos da creer en lo que decimos. Esa fuerza nos conecta con el mundo. En ese sentido, Zapatero inauguró una tendencia nueva cuando hizo, desde la oposición, su primer debate sobre el estado de la nación. En vez de dirigirse a los periodistas, se dirigió a los ciudadanos. El resultado fue que los periódicos dijeron al día siguiente que había perdido el debate. A los pocos días, la encuesta del CIS lo dio como ganador. ¿Por qué se equivocaron los medios? Porque estaban en manos de una generación que no le entendía. Nosotros creemos en las palabras que decimos; esto nuestro no es un experimento de laboratorio, sino una convicción. En ese sentido, la generación de Felipe fue una generación antipolítica, muy pragmática, pero antipolítica. Les estamos muy agradecidos porque modernizaron España y nos colocaron en Europa. Pusieron las bases para convertir a este país en lo que es. Pero eran antipolíticos en el sentido de que tendían a separar el pensamiento de la acción. Separar el pensamiento de la acción significa que unos piensan y que otros actúan, y los que piensan no hablan con los que actúan, no hay diálogo. Eso equivale a expulsar el pensamiento democrático con la coartada de que hay una verdad política preexistente al debate. Nosotros creemos que la realidad social es el punto de partida y que el acuerdo es el punto de llegada. Somos una generación de políticos porque estamos convencidos de que las decisiones mejoran cuanto mayor es la obligación pública de explicarlas. Creemos que hay que devolver el poder al demos, al pueblo, y eso los ciudadanos lo perciben sin necesidad de grandes estrategias de comunicación. Lo que hace fuerte a Zapatero es su apoyo social. Conecta con la gente, no con los medios. De otro lado, nosotros hemos sido con la generación de nuestros mayores más generosos que ella con nosotros. Tenemos en el Gobierno a María Teresa Fernández de la Vega, a Rubalcaba, a Solbes. Y tuvimos a Bono…

Mi siguiente cita con Zapatero era el domingo 4 de junio (estaba empeñado en hacerme trabajar los domingos). Le acompañaría a Lleida, donde participaría en un mitin a favor del sí en el referéndum sobre el Estatuto catalán. Zapatero estaba ilusionado con ese viaje porque iríamos en el AVE de Cascos, un tren de alta velocidad paradójico (va despacio).

–Cuando viajo de una ciudad a otra, siempre veo las cosas desde el helicóptero o desde el avión –me dijo–. El AVE me permitirá verlas al nivel de suelo.

Se equivocaba: nada más entrar en el vagón lo condujeron a un departamento con aspecto de caja fuerte en el que los asientos estaban colocados de espaldas a las ventanillas.

–Siempre impidiendo que vea usted la realidad –le dije.

–Así son las cosas –respondió resignado, abriendo un periódico.

A mí me venía bien aquella especie de caja fuerte porque no le permitiría distraerse con el paisaje. Aunque el departamento estaba preparado para cuatro personas, íbamos él y yo solos, uno enfrente del otro. Es muy difícil quedarse a solas con un presidente de Gobierno. Ahora es la mía, pensé observándole los tobillos, para ver si tenía pies de cabra, uno de los síntomas que delatan la presencia del diablo. Pero advertí, pese al filtro de los calcetines, que los tenía normalmente conformados. Por lo demás, estaba alegre, descansado, bromeando sobre sí mismo con aciertos surrealistas.

–Hoy me he levantado delgado –dijo– porque ayer nadé mucho y cené poco.

Como no había manera de que se comportara como un mito para darme una satisfacción y resolverme de paso el reportaje, le pregunté cómo se defendía del proceso de mitificación al que estaba siendo sometido por sus adversarios, pero también por la gente más cercana a él, que lo adoraba. Me dijo que no corría ningún peligro de creerse las exageraciones de los amigos ni las de los enemigos, que eso les ocurría a los que tenían más pasión por el poder que por la política.

–Pero mi pasión –añadió– es la política, no el poder.

–¿Eso explica también su relación con los medios? –le pregunté tras hacerle partícipe de mis conclusiones (y de las de Torres Mora).

–En parte, sí. Los medios son una forma de hacer política desde el poder, porque quieren poder, pero no quieren transformar la sociedad. ¿Tienen los medios alguna vocación transformadora, de cambio? Tiene mucho más afán de cambio la ciudadanía. Por eso, yo trabajo cada día más pensando en los ciudadanos que en los periodistas, tanto en mi forma de actuar como en la de comunicar. Y esto constituye un acto de fe democrática. La fe en la democracia informa cada acto de mi vida. La idea es que mandan los ciudadanos. En mi campaña electoral dije varias veces que me proponía quitar poder a los poderosos y entregárselo a los ciudadanos, y a eso es a lo que me dedico. El único poder que tiene el 90% de los ciudadanos es su voto, cada cuatro años. Los poderosos, en cambio, votan todos los días. Y esta convicción hay que llevarla a todas partes. Te voy a poner un ejemplo muy claro, el de la energía nuclear, que va a provocar un debate muy importante. En nuestro programa, que coincidía con un deseo muy fuerte de la ciudadanía, se incluía la reducción de centrales. Ya hemos cerrado una. Es evidente que hay problemas de energía, y que quizá aumenten por el precio del petróleo. Pues bien, nosotros, en ese contexto, vamos a hacer un calendario de cierre de centrales. Esto va a generar mucha polémica porque la mayoría política, estoy seguro, va a apostar por la energía nuclear. La energía nuclear es la respuesta sencilla. Yo, sin embargo, creo que hay que hacer crecer las energías alternativas. Y eso, cuando lo haces por convicción, trasciende, con independencia de lo que digan los medios. Los ciudadanos desconfían con razón de la energía nuclear porque no está resuelta la seguridad ni está resuelto el problema de los residuos. Además, una cultura que contempla un límite a la energía nuclear es una cultura que pone freno también a los proyectos militares. No sólo tenemos Irán como problema. Hay otros países que van a caer en esa tentación. Siempre se empieza con fines civiles y de ahí se pasa a los militares.

Al hablar, inclina el cuerpo hacia mí e invade con frecuencia mi burbuja. Cuando algo de lo que dice le entusiasma, me golpea la rodilla, para subrayarlo. En las pausas, echa el cuerpo hacia atrás, hasta alcanzar el límite del respaldo y desde allí me observa como el pintor observa una pincelada de su cuadro. Más que hablar al interlocutor, lo utiliza como un lienzo sobre el que dibuja apasionadamente sus ideas. Da la impresión de que puede ver el efecto que han producido dentro de su cabeza. Después de valorar ese efecto, adelanta otra vez los brazos y el cuerpo hacia el oyente, rompe de nuevo su burbuja, le mira francamente a los ojos y vuelve a la carga poniendo más convicción o más matices o más datos, todo ello en función de unos cálculos que ha llevado a cabo mientras te observaba. No se advierte en él ninguna afectación, ninguna reserva, ninguna distancia. A los diez minutos te olvidas de que estás hablando con el presidente del Gobierno.

–Yo –está diciendo ahora– procuro cumplir cada día mi compromiso con los ciudadanos porque eso es lo único que me preocupa. De hecho, el grado de cumplimiento de nuestro programa, cuando termine la legislatura, va a ser espectacular. Ya lo es a dos años vista. Quizá el grado de reconocimiento de los medios no esté a la altura del grado de cumplimiento, pero a mí me parece bien que sea así, porque no estamos aquí para que los medios nos halaguen, sino para cumplir el mandato de los ciudadanos. A veces, en el Consejo, algún ministro se queja de que los telediarios de TVE no nos tratan bien. Y yo les digo que hemos ganado las elecciones para esto, para que los telediarios de la televisión pública sean, al fin, independientes. Si quieres que te traten mejor, hazlo mejor. A mí las satisfacciones más grandes no me las producen los aplausos, sino el hecho de ver a los demás felices. Un hombre en el poder no es un hombre en su destino. Lo que importa es el destino del país al que sirve. En eso consiste la visión republicana de la vida. La norma es muy sencilla: austeridad con uno mismo y generosidad con los demás.

Al observar que está El Mundo entre los periódicos que acaba de hojear, le pregunto si no le ha molestado la caricatura citada más arriba, en la que se le tacha de rata de albañal.

–En absoluto. Estas cosas no me llegan –asegura sonriendo–. Y cuanto más alejadas están de la realidad, menos me llegan.

–¿Qué le llega entonces? ¿Qué le emociona?

–Me emocionan, por ejemplo, los subsaharianos. El problema de la inmigración ocupa mucho mi pensamiento porque vivo respecto a él en una contradicción absoluta. Sé que no podemos dejarles pasar, pero mi deseo sería ofrecerles trabajo a todos. Y tenemos que encontrar fórmulas para resolver eso. También me preocupa mucho la generación de los llamados mileuristas. Por eso, al debate sobre el estado de la nación llevé una serie de medidas dirigidas a estas personas. Un país tan rico como España ha de tener a esta generación, que representa el arranque del siglo XXI, absolutamente comprometida con el proyecto político del futuro. Dentro de quince años serán ellos lo que tengan que cambiar el país, y no será posible si no les hemos hecho sentir afecto por lo público. Hoy tienen poco afecto porque, perteneciendo a una generación mejor formada que la mía, encuentran dificultades para salir a la vida. Y el problema no es que tengan que esperar cinco o seis años para acceder a un piso, que lo es y estamos trabajando en ello, el problema es que nosotros no nos podemos permitir el lujo de que las ideas con las que esa generación va a cambiar el mundo lleguen a la sociedad con cinco o seis años de retraso. Me gustaría que esa generación estuviese tan politizada como lo estuve yo. Yo sentía tanta pasión por la política como por mi mujer. Creía tanto en ella como en mi mujer. Yo sentí que la democracia del 78 estaba hecha para mi generación, para mí, que voy a pasar, al contrario de mi padre, el 80% de mi vida en democracia. Yo soy la primera generación que ha disfrutado de España. Tenía 16 años cuando las primeras elecciones. Iba con mi hermano por León repartiendo propaganda de izquierdas porque teníamos la impresión de habernos ligado a la chica más guapa del mundo, que era la democracia. Y esa creencia nos salvó. Por eso considero tan importante que esta otra generación sienta también afecto por lo público, que crea en la política, en la democracia.

–¿Y lo está consiguiendo?

–Claro que sí. De hecho, en las próximas elecciones el voto joven va a ser decisivo.

–Por cierto que, hablando de su hermano, con el que repartía propaganda, creo que tanto él como su padre estaban más a la izquierda que usted.

–Mi hermano era del PC, y muy activo, y mi padre había colaborado con el PC en la clandestinidad. Recuerdo que en mi casa había una multicopista de esas. ¿Cómo se llamaban?

–¿Vietnamitas?

–Eso es, una vietnamita. Pero mi padre ya votó al PSOE en el 77. Marx es un extraordinario pensador y un excelente analista del capitalismo. Pero le falta reflexión sobre la democracia. El monopolio económico produce efectos negativos. El origen de la izquierda se encuentra en los valores de la Revolución Francesa, que es una revolución ciudadana porque se enfrenta a quienes en esos momentos monopolizan el poder: la nobleza y el campesinado. De ahí salen todos los valores de la izquierda. Lo malo es que habitualmente se piensa más en términos de poder que de democracia. Quienes piensan que al poder se puede llegar de cualquier manera (a través de la lucha armada, por ejemplo) también piensan que se puede ejercer de cualquier manera. Y eso no puede ser. El Muro de Berlín fue un argumento excelente para la derecha. Era tan bueno que Berlusconi todavía lo utilizó en las últimas elecciones. Ahora la derecha no tiene fantasmas con los que azuzarnos para ejercitar el poder. Por eso utiliza a Bin Laden. Pero nadie se cree que Bin Laden pueda debilitarnos tanto. No tiene el poder que había al otro lado del Muro. Lo que da fuerza a un proyecto democrático es la transparencia, la deliberación democrática, el debate. El poder tiene que tener todos los controles del mundo. Cuantos más controles tenga, mejor. Por eso puse tanto empeño en dar libertad a los medios públicos Ahora bien, yo creo que los medios deberían aportar más ideas de cambio. Aportan poco en esa dirección. Y se equivocan, porque un medio de comunicación puede dar muchas satisfacciones a los suyos, pero carecer de influencia social.

–Acaba de hacer frente al debate sobre el estado de la nación. Dentro de unos días se votará el Estatuto catalán. Además, ha asegurado que de un momento a otro anunciará en el Parlamento el inicio de los contacto con ETA. ¿No hay una concentración excesiva de asuntos capitales en muy poco tiempo?

–La política es el control de los tiempos. La política es tiempo, mucho más en una sociedad cuyo volumen de información al día es impresionante. Hay que pensar no sólo cómo dices las cosas, sino cuándo las dices. Siempre hay un margen aleatorio de error, siempre se corre algún riesgo, pero estamos aquí también para correr riesgos. Antes de ganar las elecciones, comenté con algunas personas que me iba a tocar la tarea de poner fin a ETA, no porque yo tuviera cualidades especiales o porque dispusiera de unos recursos que no hubiera descubierto nadie, sino porque era el tiempo de acabar con ETA. No gané el congreso de mi partido por ser José Luis Rodríguez Zapatero, sino porque había llegado el momento de los Zapateros. Pues bien, ahora ha llegado el momento de desatar este nudo. Si a esa certeza le pones unas gotas de sentido común y de intuición (y esto se da por descontado en una persona muy bregada políticamente como yo), lo normal es que las cosas salgan bien.

Cuando le recuerdo una idea muy extendida en determinados ambientes según la cual es más beneficioso (incluso electoralmente) mantener a ETA como una enfermedad crónica que intentar eliminarla, me dice que ese tipo de análisis pertenecen a aquellos que aman el poder por encima de la política y cuyo deseo es perpetuarse en el poder.

–Mi experiencia de estos dos años en el Gobierno –añade– es que el poder es un buscador incansable de excusas para demorar la solución de las tareas difíciles. Yo no estoy dispuesto a caer en ese vicio. Por eso tomo decisiones cuando creo que es el momento de tomarlas. Evalúo los riesgos y mido las consecuencias, desde luego, pero en esta evaluación jamás intervienen cálculos electoralistas. No te puedes imaginar hasta qué punto esos cálculos pueden retrasar las decisiones importantes. En el problema de ETA, si no hubiera elecciones dentro de dos años, estaríamos todos de acuerdo. Fíjate, por ejemplo, en el asunto de las pensiones. Yo llevo 20 años oyendo que no se pueden subir las pensiones porque el sistema no aguanta. Pues las hemos subido y no sólo aguanta, sino que mejora. Si se hubieran cumplido las profecías de los agoreros, el sistema de pensiones habría saltado a mediados de los noventa.

–¿Qué más ha aprendido durante estos dos años?

–He aprendido a estimar aún más a la ciudadanía común, en la que hay un verdadero afán de cambio, y a ignorar a los que justifican tanto. Y veo con ironía ese aire de superioridad que transmiten algunos como Rajoy: “Usted no sabe nada, usted es un insolvente, usted no tiene proyecto, ni equipo ni ideas…”. Me divierte. Mira, yo no estaba de acuerdo con Aznar, pero Aznar tenía un proyecto político. Rajoy es como el recuelo del café. Es un hombre de hace 30 años, incluso del siglo XIX. ¿No te lo imaginas perfectamente en el casino, pasando la tarde?

Cuando llegamos a Lleida, un colaborador se acerca a él y le dice que tiene que bajarse el último del tren.

–Siempre me tengo que bajar el último o el primero, pero aún no he averiguado de qué depende –me confía con expresión divertida.

A pie de vagón le están esperando Montilla, Maragall y las autoridades locales. Tras los saludos de rigor, la comitiva se dirige a una sala de la estación habilitada para un pequeño ágape. Antes de llegar a la sala, aún en pleno andén, Zapatero ve entre el público a un grupo de limpiadoras a las que se acerca, rompiendo el circuito establecido. Son ocho o diez chicas a las que besa y con las que bromea unos instantes antes de preguntar cuántas de ellas son catalanas. Sólo hay dos. El resto son inmigrantes. Zapatero registra el dato y continúa el recorrido.

Dedicó gran parte del mitin a los jóvenes, a los mileuristas de los que me había hablado en el tren. Dijo que ellos gobernarían mejor que él porque entenderían su tiempo mejor que él. En contra de la tentación, tan extendida, de vaticinar que con uno se acaba el mundo, Zapatero asegura siempre que lo mejor está por llegar.

Ese día regresamos a Madrid en avión, desde Zaragoza. Después de que nos sirvieron las almendras y la cerveza cuarteleras, le dije si pensaba a veces en el día que dejara de gobernar y si no le daba miedo salir mal de La Moncloa, lo que parece que es, hasta ahora, el destino de todos los que han pasado por ella.

–Lo peor –bromeó– no es cómo salen, sino en lo que se convierten después.

Enseguida, cambiando de gesto, como diciendo ahora en serio, añadió:

–Soy psicológicamente muy distinto a Aznar o a Felipe González. Me veo, una vez que termine esta etapa, tranquilo, trabajando para el Consejo de Estado, ayudando en lo que pueda y, sobre todo, dando algunas clases a los alumnos de Políticas, para decirles la verdad sobre este mundo. No me veo opinando ni intentando dar clases a mi sucesor de cómo se es presidente. Los ex presidentes creen que hay que enseñar a ser presidente, lo cual en democracia es absurdo. Hay que aprender a ser presidente, pero no se enseña a serlo. Además, lo que se aprende sin estudiar no se olvida.

Cuando estamos llegando a Madrid, me pregunta si es muy difícil escribir un reportaje. Le miro con desconfianza, dando por supuesto que se trata de una pregunta retórica, pero él pone un gesto de estar a la escucha que me conmueve, de modo que empiezo a mostrarle mi cocina. Cuando llevo un rato hablando, me doy cuenta de lo absurdo de la situación, pero él continúa prestándome una atención desmesurada. Así que le explico cómo reúno los materiales, cómo los articulo, cómo intento ponerlos al servicio del sentido… Todo ello con una sensación insoportable de cazador cazado.

Zapatero ganó el debate sobre el estado de la nación celebrado los días 30 y 31 de mayo. Según la encuestas del CIS, a la pregunta de quién cree usted que ganó el debate, el 50,2% de los encuestados respondió que Zapatero, frente al 14,3%, que atribuyó la victoria a Rajoy. Una goleada que los medios no reflejaron al día siguiente ni de lejos. El 18 de junio, el pueblo catalán dio al Estatuto un sí abrumadoramente mayoritario con una participación escasa, aunque superior a las de otras consultas de este tipo. Y el 29 de junio, por fin, Zapatero anunció en el Congreso el comienzo de las conversaciones con ETA. No le cabía en la cabeza, me había dicho, que hubiera una fuerza política que no quisiera participar en este esfuerzo por acabar con la violencia. No podía entenderlo y siempre tuvo la esperanza de recuperar a Rajoy. Por ello demoró el anuncio, aunque lo llevó a cabo dentro del mes de junio, como había prometido el día de nuestro primer encuentro, en el mitin de Barakaldo. Para no subrayar la soledad de Rajoy en aquel momento histórico, hizo el anuncio en una comparecencia ante la prensa, en vez de en el hemiciclo, y ordenó a su gente que no hiciera una sola crítica al jefe de la oposición ni al PP. Era jueves, día de pleno parlamentario.

–Qué va usted a hacer ahora? –le pregunté al acabar la conferencia de prensa.

–Irme al pleno a trabajar, es un día cualquiera.

Se fue al pleno, se sentó en su sitio y logró de este modo impregnar de cotidianidad un hecho histórico. En apenas cinco semanas había resuelto tres asuntos que podía haber sacado adelante en dos legislaturas sin que nadie se lo reprochara.

José Luis Rodríguez Zapatero se encuentra en medio de la legislatura y en la mitad de su vida. Le apasiona su trabajo, tiene una vida familiar apacible y un optimismo sin límites sobre las posibilidades del país en el que le ha tocado vivir. En los aviones y en los trenes en los que viaja se sigue respirando el mismo ambiente informal que hace dos años, cuando llegó al poder. La gente del equipo está atenta a sus responsabilidades, pero jamás se la ve tensa.

–Soy –me diría para explicarme cómo logra crear esa atmósfera– el presidente de la democracia que menos distancia ha marcado con sus subordinados. Soy poco jerárquico, lo que a veces puede parecer anárquico. Nunca he echado a nadie una bronca, jamás. Cuando algo no me gusta, me callo. Esa es la máxima reacción de disgusto que me permito. Es fundamental que la gente se encuentre bien, que sienta que reconoces su trabajo y sabes lo que hace. Me cuentan las cosas tres y cuatro veces, porque yo recibo información por vías muy distintas. Jamás le he dicho a un colaborador que ya sé lo que me quiere contar.

Cuando hace dos años ganó las elecciones, decíamos de él que era un enigma. Hoy, en muchos ambientes (también fuera de España), es un mito. Entre el enigma y el mito, oculto o protegido por ambos, cabalga un hombre de izquierdas, excepcionalmente dotado para la política (que no para el poder) y empeñado en cumplir el punto más importante de su programa electoral: no decepcionar a los votantes. A la hora de cerrar estás líneas, y según la última encuesta del instituto Opina, Zapatero sacaba 20 puntos de ventaja a Rajoy en valoración ciudadana. Y una parte significativa de los votantes del PP aseguraba preferir que ganara el PSOE. Pero Rajoy continuaba predicando el fin del mundo con una pasión que evidenciaba su deseo de que sucediera, pues sólo en un escenario apocalíptico podía germinar su mensaje. Continuará…

El viaje de Zapatero

Cuando ganó las elecciones hace dos años era un enigma. Hoy es una realidad. Se encuentra en el ecuador de su legislatura y ante el reto histórico de poner fin a ETA. Su lema: no decepcionar al ciudadano. El escritor fue su sombra durante tres días clave. Así ve al presidente del Gobierno. Por Juan José Millas.

Aquel día nos despertamos con la revelación de que los intereses de Zapatero coincidían punto por punto con los de ETA. Así apareció en los periódicos, que citaban fuentes del PP cuyos líderes confirmaron y amplificaron la noticia a través de las emisoras de radio, mientras desayunábamos. La revelación funcionó a la manera de un Apocalipsis de bolsillo que alivió la contrariedad de que el mundo, pese a ser el 6-06-06, no se hubiera acabado. El fin del mundo tiene un extraordinario tirón electoral que había venido explotando en régimen de monopolio el PP. Lo normal, pues, es que ofreciera algo a cambio. Y ahí estaba: Zapatero y ETA eran siameses.

Todos pensamos que el Gobierno, tras este descubrimiento escandaloso, se iría al carajo. Inconcebiblemente, no ocurrió nada, en parte porque el fin del mundo no es lo que era y en parte porque España no existía. Así lo había asegurado también Rajoy unos días antes sin que nadie le prestara atención. “Este hombre”, dijo refiriéndose a Zapatero, “ha borrado a España del mapa”. Y no la había borrado de cualquier manera, sino con la minuciosidad de un psicópata, desmembrándola región a región y escondiendo sus extremidades en la nevera, para devorarlas poco a poco.

No era todo: un columnista, apenas unos días antes de la fecha del fin del mundo, había escrito que la capacidad de Zapatero para el Mal (así, con mayúscula) carecía de límites; otro, que era un tontiloco al que atribuía sin embargo poderes especiales para acabar él solo con el Estado de derecho. Uno más lo comparó con Harry Potter, asegurando que vivía, junto a su mujer e hijas, rodeado de búhos. Alguien nos advirtió de que sus formas suaves ocultaban a un lobo sediento de sangre. Un profesor, no recordamos ahora mismo de qué materia, lo describiría como “un hombre resentido, simulador, visceral, con obsesiones políticamente inconfesables”. Rajoy, solo o en compañía de otros, había dicho de él una y otra vez que era un inconsistente, un tonto, un inútil, un bobo, un incapaz, un acomplejado, un cobarde, un prepotente, un mentiroso, un inestable, un desleal, un perezoso, un pardillo, un irresponsable, un revanchista, un débil, un arcángel, un sectario, un radical, un chisgarabís, un maniobrero, un indecente, un loco, un hooligan, un propagandista, un visionario, un chapucero, un excéntrico, un disimulador, un estafador, un agitador, un fracasado, un triturador constitucional, un malabarista, un mendigo de treguas, un traidor a los muertos… Había asegurado que no tenía programa, que no tenía equipo, que no tenía proyecto, que no tenía ideas, que no tenía agallas (el buen gusto le impedía añadir que no tenía pilila). Pese a tantas y tan graves carencias, se le atribuían empeños heroicos, como el de pretender ganar la Guerra Civil con setenta años de retraso.

El domingo anterior a este martes negro, una caricatura del diario El Mundo mostraba a Zapatero regando una planta (la de la paz) con las aguas fecales procedentes de una manguera que salía de una alcantarilla. La manguera estaba dibujada de tal forma que parecía al mismo tiempo la cola de una rata estratégicamente colocada en el cuerpo del presidente del Gobierno. Se sugería así que reinaba en las cloacas, como uno de los más célebres enemigos de Batman y de Robin. “Este presidente”, escribía un catedrático en Abc, “adolece de una inanidad intelectual indisimulable, casi espectacular”. Álex Vidal-Quadras, en La Razón, le atribuía el empeño de “resucitar el clima cainita de la II República”. Santos Juliá escribía en EL PAÍS: “Hay que mirar muy atrás para encontrar un presidente de pensamiento tan débil, pero tan rebosante de lo que, a falta de mejor definición, acostumbramos a llamar instinto de poder”. José García Abad atribuía a Felipe González la siguiente frase, referida a Zapatero: “Éste sigue con su idea… Que no pasa nada… Que no pasa nada… Y se nos cae el invento. Está loco…”.

Si tuviéramos que hacer una relación de los calificativos (con frecuencia contradictorios) aplicados a José Luis Rodríguez Zapatero desde diferentes sectores y a lo largo de estos dos años de Gobierno, necesitaríamos un volumen de la Espasa. Y ello sin contabilizar los lanzados desde las manifestaciones de la derecha que salió a la calle en varias ocasiones, unas a favor del matrimonio (cuya destrucción, junto a España y el Estado de derecho, era uno de los objetivos de Zapatero); otras, a favor de Dios (que, increíblemente, estaba perdiendo la batalla también frente a este individuo de formas educadas), y, otras, en contra de su política antiterrorista, pues llevábamos ya tres años sin muertos, dos de los cuales se podían imputar, evidentemente, a su gestión. Asimismo, durante este periodo se había derogado una norma no escrita, dictada por Aznar y aceptada por las fuerzas políticas y la ciudadanía, según la cual el responsable de un crimen era el criminal. Ahora, si alguien lanzaba un cóctel molotov contra un cajero automático, el responsable era, indefectiblemente, Zapatero. En cuanto a los comunicados de la banda, gozaban también, al contrario de lo que ocurría en otras épocas, de más credibilidad que los del Gobierno. Si el 11-M se calificaba de miserables a quienes creían a Otegi en vez de al ministro del Interior, ahora los miserables eran quienes creían al ministro del Interior en vez de a Otegi. Lo que decían ETA o Batasuna iba a misa. Y, hablando de misas, hasta los obispos, que no se habían manifestado jamás, nunca, por nada, pese a las imperfecciones del mundo, abandonaron ostentóreamente (cortesía de Gil y Gil) sus palacios y tomaron las calles con sus gafas de sol para rasgarse las vestiduras frente a las cámaras de la tele.

Entre unos y otros, habían convertido a Zapatero en un superhéroe inverso, en un canalla, si ustedes quieren, pero un canalla con cualidades sobrenaturales contra el que no habían aparecido un Batman, un Supermán, ni siquiera un Hombre Araña capaz de hacerle frente. Las fuerzas del bien, representadas por Rajoy, Acebes y Zaplana (tres flojos), sólo podían rezar el rosario y encargar novenas frente a una población que parecía anestesiada. Tanto era así que Zapatero ni siquiera necesitó defenderse de la evidencia de haberse puesto al servicio de ETA. Más aún, ordenó a su gente que no respondiera a aquella imputación que, de ser cierta, constituiría un delito de colaboración con banda armada.

Cuando la tarde del 6-06-06 Rajoy anunció en el Congreso que daba por rotas las relaciones con el Gobierno de España, España, España, el presidente del Gobierno subió a la tribuna de oradores y le respondió con educación, con cortesía, con amabilidad, invitándole una y otra vez a sumarse al resto de la Cámara para terminar con la violencia. Por no responder, Zapatero no respondió ni a Esperanza Aguirre, que ese mismo día le echó en cara que aún no hubiera pedido perdón por los “Gulag” de Stalin. Zapatero le podía haber contestado que Manuel Fraga, felizmente reinsertado sin haber pedido perdón por sus crímenes, fue uno de los colaboradores más activos de la banda armada de Franco antes de presidir el PP. En lugar de eso, calló y ordenó a los suyos tender puentes con el adversario. Al día siguiente, un José Blanco lívido, si se me permite la redundancia, pedía públicamente disculpas al PP si se le había ofendido en algo.

Un hombre del que se afirmaba simultáneamente que era listo y tonto, grande y pequeño, alto y bajo, ingenuo y malicioso, bondadoso y perverso, vanidoso y humilde, calculador y visceral, etcétera, era, literariamente hablando, un mito. Y con la actitud sobrecogida del que espera a un mito le aguardaba yo la mañana del domingo 21 de mayo en el helipuerto del palacio de la Moncloa, para acompañarle a Barakaldo, donde daría un mitin. Aunque habían anunciado que las temperaturas a mediodía serían altas, ahora hacía un fresco que combatíamos frotándonos las manos mientras íbamos de un lado a otro de la pista. En esto, apareció un coche con los cristales ahumados del que descendió un individuo normalmente constituido, con expresión de sueño. Al darle la mano, observé que se había dejado al afeitarse tres o cuatro pelillos de difícil acceso debajo de la nariz y que tenía un pequeño derrame en el ojo derecho. Costaba creer que se tratara de José Luis Rodríguez Zapatero, pues no se advertía en él ningún atributo sobrenatural. O sea, que mucho ruido y pocas nueces.

Aunque, para ruido, el que había dentro del helicóptero de las Fuerzas Armadas que nos trasladó a Torrejón, donde tomaríamos una aeronave. El viaje desde Moncloa a la base aérea apenas dura 10 minutos, pero resultan inolvidables por el estruendo de las aspas y también por el olor a gasolina, que coloca mucho, una cosa por otra. Le pregunté a Zapatero si el helicóptero de Bush sería tan agresivo y me dijo que no estaba seguro, pero que creía que no. Luego fingimos mantener una conversación, pues aunque ni yo le oía a él ni él a mí, sonreíamos mucho y asentíamos sin parar como cuando hablas con alguien cuyo idioma no entiendes y no te atreves a decírselo. De vez en cuando, mirábamos por la ventanilla. Madrid tenía el aire característico de un domingo por la mañana, sin tráfico, sin humo, sin nervios: un mundo de café con leche y periódicos desplegados sobre las mesas de las primeras terrazas veraniegas. Le pregunté qué iba a decir en Barakaldo, donde los socialistas celebraban el Día de la Rosa, y me dijo que iba a dar un par de titulares.

–Ya he aprendido a dar titulares –añadió con ironía–. Al principio creía que bastaba con dar ideas. Pero me decían que no, que había que dar titulares.

De modo que él se dedicó a lo suyo y yo a lo mío. Pero tuvo más éxito él en lo suyo que yo en lo mío, pues triunfó en el mitin, donde la gente se mató a aplaudirle, y logró ser cabecera de todos los telediarios. Yo, en cambio, no di con ningún signo que delatara su alianza con los poderes infernales. Y después de triunfar, en vez de quedarse a comer con los amigotes, volvió a casa, para pasar el resto del domingo en familia. Todo muy decepcionante, incluido el discurso con el que arrebató los aplausos, en el que no insultó a nadie ni se cagó en nada ni ridiculizó a sus adversarios. Recordó con emoción a los muertos, dijo que los valientes son los que usan la palabra, pues sólo el miedo recurre a la fuerza, y tras lanzar un mensaje de esperanza a los asistentes, asegurándoles que lo iban a conseguir, que iban a ver el final de la violencia, anunció que a lo largo del mes de junio acudiría al Congreso para anunciar el principio de los contactos con ETA. Todo en un tono muy civilizado, muy reflexivo, asegurando que la fórmula para obtener resultados era una combinación de paciencia democrática más valentía.

Ya en el avión, durante el viaje de vuelta, decidí meter el dedo en una zona de su biografía sobre la que sabemos poco. Rodríguez Zapatero fue diputado por León durante 20 años. Eso quiere decir que pasaba prácticamente la mitad de la semana en Madrid, completamente solo, alejado de su familia y sin nadie que le controlara. Era como vivir una vida dentro de otra. Sabemos a lo que se dedicaba en la vida de afuera. ¿Pero en la de dentro? ¿Adónde iba por las tardes, al salir del Congreso? ¿Qué hacía al llegar al apartamento o al hotel? ¿Qué libros había en su mesilla? ¿Qué pensaba cuando se despertaba en medio de la noche y durante una fracción de segundo no sabía si estaba aquí o allí? ¿Cómo imaginaba que sería el resto de su vida? ¿Cómo, el resto de la nuestra? La historia de la literatura está llena de individuos que en situaciones semejantes se aficionan al satanismo, al bricolaje, a los burdeles o a la investigación sobre el movimiento continuo. Convencido aún de encontrarme frente a un mito, me dio por imaginar que durante aquellos años le había ocurrido algo esencial que explicaría, de un lado, la existencia de sus superpoderes, y, de otro, el hecho de que los dedicara a la propagación del mal.

Pero me quitó la idea de la cabeza enseguida. Dijo que no le había ocurrido nada esencial durante aquellos años. Había llegado a Madrid, desde León, con lo esencial puesto. Añadió que paraba siempre en hoteles, porque la idea del apartamento le desagradaba, y que su dedicación al Parlamento era tal que no le quedaba tiempo para otra cosa. No era un diputado conocido, pero sí reconocido, pues echaba muchas horas en el despacho y trabajaba bien, según los cronistas parlamentarios de la época. Cuando salía, era, por lo general, de noche, y o bien se iba a cenar con los compañeros o bien se metía en un cine de la Gran Vía. Al salir del cine, entraba en el VIPS, tomaba algo y compraba la prensa del día siguiente, con la que se iba al hotel como un niño con zapatos nuevos. Recuerda, el de leer la prensa del día siguiente antes de acostarse, como uno de los grandes placeres de la época.

Intenté extraer alguna conclusión sobre esta afición a sacar unas horas de ventaja a sus contemporáneos, pero tampoco me ayudó. En vez de alimentar el mito, como Dios manda, se empeñaba en destruirlo, comportándose como un sujeto normal. Así las cosas, la conversación comenzó a languidecer. Me pareció, sin embargo, que miraba por la ventanilla del avión con expresión nostálgica, como si se acordara de algo perdido o muerto. Se trataba de una expresión que ya le había visto en el coche oficial. Estuvo de acuerdo conmigo en que echaba de menos aquellos días en los que podía caminar solo por la calle, un placer del que no había vuelto a disfrutar desde que ganara el congreso de su partido. Tal vez, cuando se asomaba al mundo por la ventanilla, contemplaba una versión de sí en la que continuaba siendo un desconocido que compraba la prensa del día siguiente en VIPS. Tal vez se veía saliendo del cine, caminando, Gran Vía abajo, hacia uno de los hoteles –el Prado, el Suecia, el Carlton, el Inglés– que entonces frecuentaba. Tal vez se imaginaba entrando en la habitación, quitándose la chaqueta y la corbata. Podemos verlo sentado en el borde de la cama, telefoneando a su mujer, para ver cómo estaba todo por León. Dice que sí, que llamaba mucho a su mujer, varias veces al día. Por lo demás, no le molestaba estar solo. Siempre ha apreciado un cierto grado de soledad.

El avión de las Fuerzas Armadas en el que viajábamos tenía, pese a sus comodidades, un aire un poco cuartelero. Las almendras y la cerveza que nos sirvieron sabían a cantina. No se puede ganar una cosa (ni las elecciones) sin perder otra. Se lo comenté a Zapatero y me dijo que la vida era así, una curiosa mezcla entre la nostalgia y la esperanza.

–Cuando nació mi hija mayor, por ejemplo, yo estaba asistiendo al declive de mi partido. Una cosa muere y nace otra. Un primo carnal mío, al que mi padre quería mucho, murió a los nueve años, cuando yo estaba a punto de nacer. Y mi madre falleció cuando tomaba las riendas del partido. La muerte y la vida van juntas. Siempre es así. Sentí mucho lo de mi madre porque nadie, como ella, habría disfrutado tanto de esta época. Yo era su ojito derecho –añadió riéndose con un punto de malicia.

Nos despedimos en Moncloa, después de otra sobredosis de gasolina y ruido, y yo me fui a casa completamente decepcionado. No había conseguido ver al diablo ni al arcángel ni al brujo ni al psicópata que, de acuerdo con mi documentación, habitaban sucesiva o simultáneamente en el cuerpo de ese hombre. Pero sí había dado titulares, pues también los periódicos del día siguiente abrieron con sus palabras en el mitin de Barakaldo.

José Luis Rodríguez Zapatero lleva dos años gobernando, pero parece que lleva quince debido a la velocidad diabólica (nunca mejor dicho) que ha impreso a su legislatura. Trabaja con la tenacidad de un aficionado al bricolaje y llega con el destornillador a todas partes. A la rapidez con la que cumplió la promesa de traer las tropas de Irak, se sumó la creación de un Consejo de Ministros paritario desde el que ha sacado adelante la ley contra la violencia de género, la de igualdad, la de matrimonios homosexuales, la de dependencia, la del tabaco, la de reproducción asistida… Éstas son algunas de las más conocidas, porque afectan a la vida cotidiana de grandes colectivos y han acaparado la atención de los medios. Pero también en lo aparentemente pequeño se percibe la actividad del destornillador. Así, durante este tiempo se ha suprimido la tartamudez como causa de exclusión en el acceso al empleo público; se ha incrementado en un 30% la inserción laboral de personas con discapacidad; se ha aprobado la ley que reconoce la lengua de signos (una antiquísima reivindicación del colectivo de sordos) y la de asistencia gratuita jurídica a personas con discapacidad. Ha mejorado la ley del divorcio (ya no es necesario que haya un culpable)… De entre sus perversas pasiones, la de la igualdad es la que más le obsesiona y a la que más tiempo dedica.

Lo curioso, con todo, no es que Zapatero dé la impresión de gobernar desde hace quince años, sino que Rajoy parece que lleva treinta años en la oposición. Y al día siguiente de haber perdido el último debate sobre el estado de la nación parecía que llevaba treinta y uno. Ni los propios socialistas comprendían muy bien qué le había ocurrido al que pasa por ser el mejor orador de la Cámara. La justificación más extendida era que Rajoy había perdido por negarse a hablar de terrorismo. Pero esa justificación resultaba terrible, pues confirmaba la idea, muy extendida, de que si al PP le quitas ETA se queda sin discurso.

El 31 de mayo, segunda jornada del debate sobre el estado de la nación, conseguí un pase especial para moverme a mis anchas por el Congreso. A las nueve en punto me encontraba en la tribuna de invitados. Miré hacia abajo y no vi a nadie, excepto a Zapatero y a María Teresa Fernández de la Vega, recién duchados y planchados los dos. Enseguida apareció Marín y tres o cuatro parlamentarios más. Poco a poco, la marea subió y a eso de las once había media entrada.

El segundo día del debate carece del morbo del primero, pero es excelente para apreciar el estado de ánimo de los grupos. La Cámara tiene la forma de un vaso en cuyo borde superior se encuentra la tribuna de invitados. Lo que se veía al mirar hacia abajo desde ese borde eran los restos del naufragio del grupo parlamentario popular. Los escasos asistentes de esa formación flotaban a la deriva entre un desolado mar de sillas. Recordé un verso de Virgilio, en La Eneida: “Aparent rari in gurgite vasto” (aparecen pocos náufragos en el vasto mar). Al mediodía entró en escena Rajoy, braceando penosamente hacia su escaño, que se había convertido en un resto de la embarcación con el que mantenerse a flote. Mientras el orador de turno hablaba, algunos de los que habían naufragado con él se acercaban nadando al pecio del dirigente popular e intercambiaban algunas palabras antes de regresar a su pedazo de madera.

Leyendo los periódicos, te dabas cuenta de que lo único que había hecho Zapatero para ganar el debate había sido poner enfrente de Rajoy un espejo. A cada crítica del dirigente popular, Zapatero le había respondido recordándole lo que hizo el PP, cuando gobernaba, en esa materia. Finalmente, le dio la puntilla con una frase capicúa muy apropiada para las vísperas de un Apocalipsis fallido: “Es usted, señor Rajoy, un profeta del desastre, pero un desastre como profeta”. Punto y aparte.

Tras echar una cabezada en mi silla de la tribuna de invitados (un periodista de La Vanguardia me pilló y lo publicó en su crónica), poco antes de la hora de la comida me acerqué a la zona del Gobierno, colándome en el despacho del presidente sin pedir permiso, a ver qué pasaba. No pasó nada. Lo encontré tomándose unas almendras con coca-cola en vez de sorprenderlo esnifando una raya de coca. Cogí una almendra del platillo, para analizarla más tarde, y le pregunté sagazmente cómo se encontraba (no lo puedo remediar, soy un tipo incisivo). Me dijo que el debate sobre el estado de la nación era un poco agotador, como jugar dos partidos de fútbol seguidos, pero se sentía en forma. Le pregunté entonces cómo se explicaba el costalazo de Rajoy y me dijo que un debate de esas características no se pierde o se gana porque tengas una buena o una mala tarde, sino porque hayas entrenado durante todo el año.

–Y Rajoy –añadió– ha venido sin entrenar. Se pasó el primer año de oposición hablando del 11-M y llegó al segundo sin respiración, y muy averiado respecto al Estatuto catalán. Su problema, ahora se ha visto, es que sólo tenía una oportunidad y se la ha jugado a la desesperada. En política las cosas no pasan porque sí. La política tiene una lógica aplastante. Se ha caído porque se tenía que caer.

En ese momento le llevaron la comida, y, aunque no me pidió que me marchara, lo hice por iniciativa propia, para aflojar un poco la presión y que se confiara. Tarde o temprano lo descubriría metiéndose un pico de heroína o hablando con Luzbel. Pasaban de las dos de la tarde y a las cuatro comenzaba de nuevo el debate. Pero no me fui lejos. Salí al pasillo y estuve merodeando por los alrededores del despacho, a la espera de alguna señal. Todo el mundo, excepto las secretarias del presidente, que pidieron unos bocadillos, se había ido a comer. No había moros en la costa, con perdón. En esto, escuché la voz de Zapatero, a través de la puerta del despacho que daba al pasillo. Hablaba por teléfono con alguien. Pegué el oído, convencido de que le iba a sorprender pactando con Josu Ternera el modo en que el Gobierno entregaría las armas a ETA, pero estaba resolviendo un asunto doméstico, algo relacionado con sus hijas. Me sorprendió que un tipo empeñado en acabar con la familia tuviera aquellas preocupaciones, pero lo cierto es que ya empezaba a dudar de todo.

Por la tarde, cuando terminó el debate sobre el estado de la nación, lo acompañé a Moncloa. Esa noche daba una entrevista en directo para un programa muy conocido de la televisión catalana. Su equipo estaba preocupado, pues podía ser el remate a dos días demasiado intensos. Pero no pasó nada. Zapatero llegó, se dio una ducha, se fotografió con las maquilladoras, habló por el móvil (es un vicioso del móvil), dio la entrevista, y aquí paz y después gloria.

Tras despedirlo a la puerta de su casa, un coche me llevó a la mía. En la radio había una tertulia de periodistas. Escuchándolos, daba la impresión de que quien había ganado el debate había sido Rajoy. Como tengo complejo de inferioridad, estuve a punto de dudar de mis sentidos. Al llegar a casa, en vez de acostarme, entré en Internet y revisé atentamente los titulares de la prensa de ese día y del anterior, advirtiendo de súbito la falta de apoyos mediáticos de Zapatero. Los periódicos de la derecha apoyaban sin excepción a Rajoy, intentando rebajar la magnitud de su descalabro, cuando no negándola, pero no había uno sólo que aplaudiera la actuación de Zapatero. Comparado con Aznar, que, además de manipular sin rubor los medios públicos, creó con el dinero de todos los españoles un gigantesco grupo mediático a su servicio, Zapatero se encontraba, desde el punto de vista mediático, desnudo. En parte, por voluntad propia, pues ni siquiera había intentado utilizar los medios públicos, como si no los quisiera o no diera importancia a su influencia. Esto puede chocar con una idea muy instalada según la cual hay una prensa que es mera correa de transmisión de sus iniciativas, pero basta repasar con cierta objetividad los titulares de estos dos años, así como los artículos de opinión, para comprobar lo que decimos. Hay, desde luego, unos medios que están más cerca de los planteamientos del PSOE que de los del PP, pero la figura de Zapatero no goza, ni de lejos, de los favores de los que gozó en su día Felipe González ni de los que disfrutó Aznar.

Pensé: Zapatero pertenece a una generación cuyos hermanos mayores forman parte de la del 68, caracterizada por ser una generación tapón. La generación del 68 siempre ha mirado con cierta displicencia a la del 80, cuyos componentes no se habían tenido que enfrentar al franquismo, no habían sufrido la clandestinidad, no habían leído los mismos libros (quizá ni siquiera habían leído). La gente del 80, desde el punto de vista de la gente del 68, eran unos flojos. No estaban politizados, no eran agresivos, pedían las cosas por favor y, en vez de asesinar a sus hermanos mayores, los habían observado siempre con admiración. Se me ocurrió que quizá la indiferencia, cuando no la hostilidad, con la que Zapatero era tratado en los mismos medios que tanto habían protegido a González se explicaba en términos generacionales, y llamé a José Andrés Torres Mora para comentárselo.

José Andrés Torres Mora es sociólogo y diputado del PSOE por Málaga. Pertenece a la generación de Zapatero y fue su jefe de gabinete desde que accedió a la secretaría general del PSOE hasta que ganó las elecciones. Su despacho, que se encontraba al lado del de Rodríguez Zapatero, estaba lleno de libros de teoría política. Si pasabas por allí, salías con tres o cuatro manuales de republicanismo debajo del brazo. Torres Mora habla como si hubiera alguien durmiendo, en un murmullo. Al principio ni le escuchas porque te parece mentira que de unas maneras tan sosegadas pueda salir algo medianamente agudo. Pero si prestas un poco de atención, resulta que pronuncia una o dos frases afiladas por minuto. Me confirmó, desde la sociología, que las dificultades de Zapatero con los medios se explicaban en clave generacional.

–La generación de Felipe González –añadió– tiene un gran relato sobre sí misma, un relato épico. Nosotros somos una generación sin relato. Más aún: nuestra generación no hace relato, no relata, no escribimos, no hay cosas nuestras. No estuvimos detenidos, no conocimos el mayo del 68, no contribuimos a construir una democracia que apreciábamos, pero en la que no había sitio para nosotros, pues cuando intentamos irnos de casa, no había un mercado laboral en el que refugiarnos. No podíamos ser ciudadanos porque no se puede ser ciudadano en casa. Se es ciudadano en la calle, en el trabajo, en el ágora, en el Parlamento. Sin embargo, y como dijo Zapatero en su día, nuestra lengua materna es la democracia. Por eso entendemos a la generación de Felipe mejor que ella a la nuestra. Nosotros, para salir adelante, nos hemos tenido que mover en ángulo ciego de la sociedad. Adelantamos a Bono en el congreso del PSOE por ese lado, lo mismo que a Aznar. Ni Bono ni Aznar se lo podían creer, porque ni nos habían visto llegar. Y no necesitamos a los medios como los necesitaron Felipe o Aznar porque nosotros conectamos con el ciudadano gracias a la fuerza que nos da creer en lo que decimos. Esa fuerza nos conecta con el mundo. En ese sentido, Zapatero inauguró una tendencia nueva cuando hizo, desde la oposición, su primer debate sobre el estado de la nación. En vez de dirigirse a los periodistas, se dirigió a los ciudadanos. El resultado fue que los periódicos dijeron al día siguiente que había perdido el debate. A los pocos días, la encuesta del CIS lo dio como ganador. ¿Por qué se equivocaron los medios? Porque estaban en manos de una generación que no le entendía. Nosotros creemos en las palabras que decimos; esto nuestro no es un experimento de laboratorio, sino una convicción. En ese sentido, la generación de Felipe fue una generación antipolítica, muy pragmática, pero antipolítica. Les estamos muy agradecidos porque modernizaron España y nos colocaron en Europa. Pusieron las bases para convertir a este país en lo que es. Pero eran antipolíticos en el sentido de que tendían a separar el pensamiento de la acción. Separar el pensamiento de la acción significa que unos piensan y que otros actúan, y los que piensan no hablan con los que actúan, no hay diálogo. Eso equivale a expulsar el pensamiento democrático con la coartada de que hay una verdad política preexistente al debate. Nosotros creemos que la realidad social es el punto de partida y que el acuerdo es el punto de llegada. Somos una generación de políticos porque estamos convencidos de que las decisiones mejoran cuanto mayor es la obligación pública de explicarlas. Creemos que hay que devolver el poder al demos, al pueblo, y eso los ciudadanos lo perciben sin necesidad de grandes estrategias de comunicación. Lo que hace fuerte a Zapatero es su apoyo social. Conecta con la gente, no con los medios. De otro lado, nosotros hemos sido con la generación de nuestros mayores más generosos que ella con nosotros. Tenemos en el Gobierno a María Teresa Fernández de la Vega, a Rubalcaba, a Solbes. Y tuvimos a Bono…

Mi siguiente cita con Zapatero era el domingo 4 de junio (estaba empeñado en hacerme trabajar los domingos). Le acompañaría a Lleida, donde participaría en un mitin a favor del sí en el referéndum sobre el Estatuto catalán. Zapatero estaba ilusionado con ese viaje porque iríamos en el AVE de Cascos, un tren de alta velocidad paradójico (va despacio).

–Cuando viajo de una ciudad a otra, siempre veo las cosas desde el helicóptero o desde el avión –me dijo–. El AVE me permitirá verlas al nivel de suelo.

Se equivocaba: nada más entrar en el vagón lo condujeron a un departamento con aspecto de caja fuerte en el que los asientos estaban colocados de espaldas a las ventanillas.

–Siempre impidiendo que vea usted la realidad –le dije.

–Así son las cosas –respondió resignado, abriendo un periódico.

A mí me venía bien aquella especie de caja fuerte porque no le permitiría distraerse con el paisaje. Aunque el departamento estaba preparado para cuatro personas, íbamos él y yo solos, uno enfrente del otro. Es muy difícil quedarse a solas con un presidente de Gobierno. Ahora es la mía, pensé observándole los tobillos, para ver si tenía pies de cabra, uno de los síntomas que delatan la presencia del diablo. Pero advertí, pese al filtro de los calcetines, que los tenía normalmente conformados. Por lo demás, estaba alegre, descansado, bromeando sobre sí mismo con aciertos surrealistas.

–Hoy me he levantado delgado –dijo– porque ayer nadé mucho y cené poco.

Como no había manera de que se comportara como un mito para darme una satisfacción y resolverme de paso el reportaje, le pregunté cómo se defendía del proceso de mitificación al que estaba siendo sometido por sus adversarios, pero también por la gente más cercana a él, que lo adoraba. Me dijo que no corría ningún peligro de creerse las exageraciones de los amigos ni las de los enemigos, que eso les ocurría a los que tenían más pasión por el poder que por la política.

–Pero mi pasión –añadió– es la política, no el poder.

–¿Eso explica también su relación con los medios? –le pregunté tras hacerle partícipe de mis conclusiones (y de las de Torres Mora).

–En parte, sí. Los medios son una forma de hacer política desde el poder, porque quieren poder, pero no quieren transformar la sociedad. ¿Tienen los medios alguna vocación transformadora, de cambio? Tiene mucho más afán de cambio la ciudadanía. Por eso, yo trabajo cada día más pensando en los ciudadanos que en los periodistas, tanto en mi forma de actuar como en la de comunicar. Y esto constituye un acto de fe democrática. La fe en la democracia informa cada acto de mi vida. La idea es que mandan los ciudadanos. En mi campaña electoral dije varias veces que me proponía quitar poder a los poderosos y entregárselo a los ciudadanos, y a eso es a lo que me dedico. El único poder que tiene el 90% de los ciudadanos es su voto, cada cuatro años. Los poderosos, en cambio, votan todos los días. Y esta convicción hay que llevarla a todas partes. Te voy a poner un ejemplo muy claro, el de la energía nuclear, que va a provocar un debate muy importante. En nuestro programa, que coincidía con un deseo muy fuerte de la ciudadanía, se incluía la reducción de centrales. Ya hemos cerrado una. Es evidente que hay problemas de energía, y que quizá aumenten por el precio del petróleo. Pues bien, nosotros, en ese contexto, vamos a hacer un calendario de cierre de centrales. Esto va a generar mucha polémica porque la mayoría política, estoy seguro, va a apostar por la energía nuclear. La energía nuclear es la respuesta sencilla. Yo, sin embargo, creo que hay que hacer crecer las energías alternativas. Y eso, cuando lo haces por convicción, trasciende, con independencia de lo que digan los medios. Los ciudadanos desconfían con razón de la energía nuclear porque no está resuelta la seguridad ni está resuelto el problema de los residuos. Además, una cultura que contempla un límite a la energía nuclear es una cultura que pone freno también a los proyectos militares. No sólo tenemos Irán como problema. Hay otros países que van a caer en esa tentación. Siempre se empieza con fines civiles y de ahí se pasa a los militares.

Al hablar, inclina el cuerpo hacia mí e invade con frecuencia mi burbuja. Cuando algo de lo que dice le entusiasma, me golpea la rodilla, para subrayarlo. En las pausas, echa el cuerpo hacia atrás, hasta alcanzar el límite del respaldo y desde allí me observa como el pintor observa una pincelada de su cuadro. Más que hablar al interlocutor, lo utiliza como un lienzo sobre el que dibuja apasionadamente sus ideas. Da la impresión de que puede ver el efecto que han producido dentro de su cabeza. Después de valorar ese efecto, adelanta otra vez los brazos y el cuerpo hacia el oyente, rompe de nuevo su burbuja, le mira francamente a los ojos y vuelve a la carga poniendo más convicción o más matices o más datos, todo ello en función de unos cálculos que ha llevado a cabo mientras te observaba. No se advierte en él ninguna afectación, ninguna reserva, ninguna distancia. A los diez minutos te olvidas de que estás hablando con el presidente del Gobierno.

–Yo –está diciendo ahora– procuro cumplir cada día mi compromiso con los ciudadanos porque eso es lo único que me preocupa. De hecho, el grado de cumplimiento de nuestro programa, cuando termine la legislatura, va a ser espectacular. Ya lo es a dos años vista. Quizá el grado de reconocimiento de los medios no esté a la altura del grado de cumplimiento, pero a mí me parece bien que sea así, porque no estamos aquí para que los medios nos halaguen, sino para cumplir el mandato de los ciudadanos. A veces, en el Consejo, algún ministro se queja de que los telediarios de TVE no nos tratan bien. Y yo les digo que hemos ganado las elecciones para esto, para que los telediarios de la televisión pública sean, al fin, independientes. Si quieres que te traten mejor, hazlo mejor. A mí las satisfacciones más grandes no me las producen los aplausos, sino el hecho de ver a los demás felices. Un hombre en el poder no es un hombre en su destino. Lo que importa es el destino del país al que sirve. En eso consiste la visión republicana de la vida. La norma es muy sencilla: austeridad con uno mismo y generosidad con los demás.

Al observar que está El Mundo entre los periódicos que acaba de hojear, le pregunto si no le ha molestado la caricatura citada más arriba, en la que se le tacha de rata de albañal.

–En absoluto. Estas cosas no me llegan –asegura sonriendo–. Y cuanto más alejadas están de la realidad, menos me llegan.

–¿Qué le llega entonces? ¿Qué le emociona?

–Me emocionan, por ejemplo, los subsaharianos. El problema de la inmigración ocupa mucho mi pensamiento porque vivo respecto a él en una contradicción absoluta. Sé que no podemos dejarles pasar, pero mi deseo sería ofrecerles trabajo a todos. Y tenemos que encontrar fórmulas para resolver eso. También me preocupa mucho la generación de los llamados mileuristas. Por eso, al debate sobre el estado de la nación llevé una serie de medidas dirigidas a estas personas. Un país tan rico como España ha de tener a esta generación, que representa el arranque del siglo XXI, absolutamente comprometida con el proyecto político del futuro. Dentro de quince años serán ellos lo que tengan que cambiar el país, y no será posible si no les hemos hecho sentir afecto por lo público. Hoy tienen poco afecto porque, perteneciendo a una generación mejor formada que la mía, encuentran dificultades para salir a la vida. Y el problema no es que tengan que esperar cinco o seis años para acceder a un piso, que lo es y estamos trabajando en ello, el problema es que nosotros no nos podemos permitir el lujo de que las ideas con las que esa generación va a cambiar el mundo lleguen a la sociedad con cinco o seis años de retraso. Me gustaría que esa generación estuviese tan politizada como lo estuve yo. Yo sentía tanta pasión por la política como por mi mujer. Creía tanto en ella como en mi mujer. Yo sentí que la democracia del 78 estaba hecha para mi generación, para mí, que voy a pasar, al contrario de mi padre, el 80% de mi vida en democracia. Yo soy la primera generación que ha disfrutado de España. Tenía 16 años cuando las primeras elecciones. Iba con mi hermano por León repartiendo propaganda de izquierdas porque teníamos la impresión de habernos ligado a la chica más guapa del mundo, que era la democracia. Y esa creencia nos salvó. Por eso considero tan importante que esta otra generación sienta también afecto por lo público, que crea en la política, en la democracia.

–¿Y lo está consiguiendo?

–Claro que sí. De hecho, en las próximas elecciones el voto joven va a ser decisivo.

–Por cierto que, hablando de su hermano, con el que repartía propaganda, creo que tanto él como su padre estaban más a la izquierda que usted.

–Mi hermano era del PC, y muy activo, y mi padre había colaborado con el PC en la clandestinidad. Recuerdo que en mi casa había una multicopista de esas. ¿Cómo se llamaban?

–¿Vietnamitas?

–Eso es, una vietnamita. Pero mi padre ya votó al PSOE en el 77. Marx es un extraordinario pensador y un excelente analista del capitalismo. Pero le falta reflexión sobre la democracia. El monopolio económico produce efectos negativos. El origen de la izquierda se encuentra en los valores de la Revolución Francesa, que es una revolución ciudadana porque se enfrenta a quienes en esos momentos monopolizan el poder: la nobleza y el campesinado. De ahí salen todos los valores de la izquierda. Lo malo es que habitualmente se piensa más en términos de poder que de democracia. Quienes piensan que al poder se puede llegar de cualquier manera (a través de la lucha armada, por ejemplo) también piensan que se puede ejercer de cualquier manera. Y eso no puede ser. El Muro de Berlín fue un argumento excelente para la derecha. Era tan bueno que Berlusconi todavía lo utilizó en las últimas elecciones. Ahora la derecha no tiene fantasmas con los que azuzarnos para ejercitar el poder. Por eso utiliza a Bin Laden. Pero nadie se cree que Bin Laden pueda debilitarnos tanto. No tiene el poder que había al otro lado del Muro. Lo que da fuerza a un proyecto democrático es la transparencia, la deliberación democrática, el debate. El poder tiene que tener todos los controles del mundo. Cuantos más controles tenga, mejor. Por eso puse tanto empeño en dar libertad a los medios públicos Ahora bien, yo creo que los medios deberían aportar más ideas de cambio. Aportan poco en esa dirección. Y se equivocan, porque un medio de comunicación puede dar muchas satisfacciones a los suyos, pero carecer de influencia social.

–Acaba de hacer frente al debate sobre el estado de la nación. Dentro de unos días se votará el Estatuto catalán. Además, ha asegurado que de un momento a otro anunciará en el Parlamento el inicio de los contacto con ETA. ¿No hay una concentración excesiva de asuntos capitales en muy poco tiempo?

–La política es el control de los tiempos. La política es tiempo, mucho más en una sociedad cuyo volumen de información al día es impresionante. Hay que pensar no sólo cómo dices las cosas, sino cuándo las dices. Siempre hay un margen aleatorio de error, siempre se corre algún riesgo, pero estamos aquí también para correr riesgos. Antes de ganar las elecciones, comenté con algunas personas que me iba a tocar la tarea de poner fin a ETA, no porque yo tuviera cualidades especiales o porque dispusiera de unos recursos que no hubiera descubierto nadie, sino porque era el tiempo de acabar con ETA. No gané el congreso de mi partido por ser José Luis Rodríguez Zapatero, sino porque había llegado el momento de los Zapateros. Pues bien, ahora ha llegado el momento de desatar este nudo. Si a esa certeza le pones unas gotas de sentido común y de intuición (y esto se da por descontado en una persona muy bregada políticamente como yo), lo normal es que las cosas salgan bien.

Cuando le recuerdo una idea muy extendida en determinados ambientes según la cual es más beneficioso (incluso electoralmente) mantener a ETA como una enfermedad crónica que intentar eliminarla, me dice que ese tipo de análisis pertenecen a aquellos que aman el poder por encima de la política y cuyo deseo es perpetuarse en el poder.

–Mi experiencia de estos dos años en el Gobierno –añade– es que el poder es un buscador incansable de excusas para demorar la solución de las tareas difíciles. Yo no estoy dispuesto a caer en ese vicio. Por eso tomo decisiones cuando creo que es el momento de tomarlas. Evalúo los riesgos y mido las consecuencias, desde luego, pero en esta evaluación jamás intervienen cálculos electoralistas. No te puedes imaginar hasta qué punto esos cálculos pueden retrasar las decisiones importantes. En el problema de ETA, si no hubiera elecciones dentro de dos años, estaríamos todos de acuerdo. Fíjate, por ejemplo, en el asunto de las pensiones. Yo llevo 20 años oyendo que no se pueden subir las pensiones porque el sistema no aguanta. Pues las hemos subido y no sólo aguanta, sino que mejora. Si se hubieran cumplido las profecías de los agoreros, el sistema de pensiones habría saltado a mediados de los noventa.

–¿Qué más ha aprendido durante estos dos años?

–He aprendido a estimar aún más a la ciudadanía común, en la que hay un verdadero afán de cambio, y a ignorar a los que justifican tanto. Y veo con ironía ese aire de superioridad que transmiten algunos como Rajoy: “Usted no sabe nada, usted es un insolvente, usted no tiene proyecto, ni equipo ni ideas…”. Me divierte. Mira, yo no estaba de acuerdo con Aznar, pero Aznar tenía un proyecto político. Rajoy es como el recuelo del café. Es un hombre de hace 30 años, incluso del siglo XIX. ¿No te lo imaginas perfectamente en el casino, pasando la tarde?

Cuando llegamos a Lleida, un colaborador se acerca a él y le dice que tiene que bajarse el último del tren.

–Siempre me tengo que bajar el último o el primero, pero aún no he averiguado de qué depende –me confía con expresión divertida.

A pie de vagón le están esperando Montilla, Maragall y las autoridades locales. Tras los saludos de rigor, la comitiva se dirige a una sala de la estación habilitada para un pequeño ágape. Antes de llegar a la sala, aún en pleno andén, Zapatero ve entre el público a un grupo de limpiadoras a las que se acerca, rompiendo el circuito establecido. Son ocho o diez chicas a las que besa y con las que bromea unos instantes antes de preguntar cuántas de ellas son catalanas. Sólo hay dos. El resto son inmigrantes. Zapatero registra el dato y continúa el recorrido.

Dedicó gran parte del mitin a los jóvenes, a los mileuristas de los que me había hablado en el tren. Dijo que ellos gobernarían mejor que él porque entenderían su tiempo mejor que él. En contra de la tentación, tan extendida, de vaticinar que con uno se acaba el mundo, Zapatero asegura siempre que lo mejor está por llegar.

Ese día regresamos a Madrid en avión, desde Zaragoza. Después de que nos sirvieron las almendras y la cerveza cuarteleras, le dije si pensaba a veces en el día que dejara de gobernar y si no le daba miedo salir mal de La Moncloa, lo que parece que es, hasta ahora, el destino de todos los que han pasado por ella.

–Lo peor –bromeó– no es cómo salen, sino en lo que se convierten después.

Enseguida, cambiando de gesto, como diciendo ahora en serio, añadió:

–Soy psicológicamente muy distinto a Aznar o a Felipe González. Me veo, una vez que termine esta etapa, tranquilo, trabajando para el Consejo de Estado, ayudando en lo que pueda y, sobre todo, dando algunas clases a los alumnos de Políticas, para decirles la verdad sobre este mundo. No me veo opinando ni intentando dar clases a mi sucesor de cómo se es presidente. Los ex presidentes creen que hay que enseñar a ser presidente, lo cual en democracia es absurdo. Hay que aprender a ser presidente, pero no se enseña a serlo. Además, lo que se aprende sin estudiar no se olvida.

Cuando estamos llegando a Madrid, me pregunta si es muy difícil escribir un reportaje. Le miro con desconfianza, dando por supuesto que se trata de una pregunta retórica, pero él pone un gesto de estar a la escucha que me conmueve, de modo que empiezo a mostrarle mi cocina. Cuando llevo un rato hablando, me doy cuenta de lo absurdo de la situación, pero él continúa prestándome una atención desmesurada. Así que le explico cómo reúno los materiales, cómo los articulo, cómo intento ponerlos al servicio del sentido… Todo ello con una sensación insoportable de cazador cazado.

Zapatero ganó el debate sobre el estado de la nación celebrado los días 30 y 31 de mayo. Según la encuestas del CIS, a la pregunta de quién cree usted que ganó el debate, el 50,2% de los encuestados respondió que Zapatero, frente al 14,3%, que atribuyó la victoria a Rajoy. Una goleada que los medios no reflejaron al día siguiente ni de lejos. El 18 de junio, el pueblo catalán dio al Estatuto un sí abrumadoramente mayoritario con una participación escasa, aunque superior a las de otras consultas de este tipo. Y el 29 de junio, por fin, Zapatero anunció en el Congreso el comienzo de las conversaciones con ETA. No le cabía en la cabeza, me había dicho, que hubiera una fuerza política que no quisiera participar en este esfuerzo por acabar con la violencia. No podía entenderlo y siempre tuvo la esperanza de recuperar a Rajoy. Por ello demoró el anuncio, aunque lo llevó a cabo dentro del mes de junio, como había prometido el día de nuestro primer encuentro, en el mitin de Barakaldo. Para no subrayar la soledad de Rajoy en aquel momento histórico, hizo el anuncio en una comparecencia ante la prensa, en vez de en el hemiciclo, y ordenó a su gente que no hiciera una sola crítica al jefe de la oposición ni al PP. Era jueves, día de pleno parlamentario.

–Qué va usted a hacer ahora? –le pregunté al acabar la conferencia de prensa.

–Irme al pleno a trabajar, es un día cualquiera.

Se fue al pleno, se sentó en su sitio y logró de este modo impregnar de cotidianidad un hecho histórico. En apenas cinco semanas había resuelto tres asuntos que podía haber sacado adelante en dos legislaturas sin que nadie se lo reprochara.

José Luis Rodríguez Zapatero se encuentra en medio de la legislatura y en la mitad de su vida. Le apasiona su trabajo, tiene una vida familiar apacible y un optimismo sin límites sobre las posibilidades del país en el que le ha tocado vivir. En los aviones y en los trenes en los que viaja se sigue respirando el mismo ambiente informal que hace dos años, cuando llegó al poder. La gente del equipo está atenta a sus responsabilidades, pero jamás se la ve tensa.

–Soy –me diría para explicarme cómo logra crear esa atmósfera– el presidente de la democracia que menos distancia ha marcado con sus subordinados. Soy poco jerárquico, lo que a veces puede parecer anárquico. Nunca he echado a nadie una bronca, jamás. Cuando algo no me gusta, me callo. Esa es la máxima reacción de disgusto que me permito. Es fundamental que la gente se encuentre bien, que sienta que reconoces su trabajo y sabes lo que hace. Me cuentan las cosas tres y cuatro veces, porque yo recibo información por vías muy distintas. Jamás le he dicho a un colaborador que ya sé lo que me quiere contar.

Cuando hace dos años ganó las elecciones, decíamos de él que era un enigma. Hoy, en muchos ambientes (también fuera de España), es un mito. Entre el enigma y el mito, oculto o protegido por ambos, cabalga un hombre de izquierdas, excepcionalmente dotado para la política (que no para el poder) y empeñado en cumplir el punto más importante de su programa electoral: no decepcionar a los votantes. A la hora de cerrar estás líneas, y según la última encuesta del instituto Opina, Zapatero sacaba 20 puntos de ventaja a Rajoy en valoración ciudadana. Y una parte significativa de los votantes del PP aseguraba preferir que ganara el PSOE. Pero Rajoy continuaba predicando el fin del mundo con una pasión que evidenciaba su deseo de que sucediera, pues sólo en un escenario apocalíptico podía germinar su mensaje.

El Pocero amarga el veraneo a unos cuantos líderes de PP y PSOE

Una de las grandes fortunas -la de Francisco Hernando Contreras, conocido como El Pocero- es sacada del anonimato por el escándalo de Seseña. Y, en consecuencia, a sus amistades populares y socialistas no les llega la camisa al cuello pensando en lo que se les viene.

Así lo escribe Manuel Ortega en Elsemanaldigital que ve en El Pocero al hombre de moda de este verano, y no lo lleva muy bien. Acostumbrado a disfrutar del anonimato, haciendo gala de ser un hombre del pueblo, tras su fachada de tipo llano se esconde una de las grandes fortunas de España. Francisco Hernando Contreras, conocido como El Pocero, ha atraído sobre sí la atención de los medios.

Y no precisamente por algo que a él le guste. Sus actividades han despertado una curiosidad malsana para sus negocios, que abarcan desde la construcción hasta la náutica, pasando por la aviación. A título de anécdota, fue él quien cedió el avión necesario para los traslados de Rocío Jurado.

LOS ORÍGENES DEL POCERO

Este madrileño del barrio de Tetuán, de 61 años, ha acostumbrado durante su biografía como empresario a pasar desapercibido ante el gran público. Otra cosa es que El Pocero no guste del lujo y de la ostentación.

Él mismo pregona que su fortuna, valorada por el Banco de España, se sitúa en los 180.000 millones de pesetas. Hasta hace poco más de un mes, su yate Clarena atracaba en el puerto deportivo de Puerto Portals, en Palma de Mallorca. Hasta que los concesionarios del puerto, los Graf, maniobraron para echarle de allí como consecuencia de la guerra que mantiene por la compra de esa concesión.

Un asunto que se encuentra en los tribunales y que es la comidilla del todo-Mallorca. Al fin y al cabo, el desalojo del Clarena, una mole de 46 metros de eslora con la que, a depósito lleno, puede atravesar el Atlántico, supone un palo para sus relaciones sociales.

Porque El Pocero es un hombre de evidentes relaciones. Los veraneos baleares y la enormidad del Clarena han hecho por él más que cualquier relaciones públicas. Por el buque han pasado desde el Rey de España hasta Eduardo Zaplana. Un lugar de excepción, aseguran, para sellar negocios y conocer gente útil de cara a los mismos.

SUS AMISTADES "POPULARES"

O al menos así era hasta el verano pasado. Porque éste podría ser muy distinto. La espectacular puesta de largo de Hernando en la vida pública y la expulsión del Clarena -aún conserva otra nave en Puerto Portals, el Clara, de menor calado– pueden contribuir a rebajar sus relaciones.

Con la que le está cayendo a Hernando, lo que menos interesa es salir en la foto junto a él. Nadie duda de que los movimientos del constructor son seguidos con lupa. Para muchos, y especialmente para algunos en el PP y en el PSOE, se ha convertido en una amistad peligrosa.

Dos ex ministros de distintos partidos y gobiernos se encuentran en el punto de mira por sus presuntas relaciones con El Pocero, que ambos han negado una y otra vez. Sin embargo, al ex presidente de Castilla-La Mancha y ex titular de Defensa, José Bono, que autorizó las obras de Seseña durante su mandato, le han desmontado la negativa. La empresa de Hernando llevó a cabo las obras de una hípica en la que Bono cuenta con participación.

En los mentideros políticos, económicos y periodísticos de Madrid ha empezado a correr como la pólvora la especia de que Bono dejó el Gobierno por su relación con Hernando: José Luis Rodríguez Zapatero no habría estado dispuesto a amparar a su ministro ante lo que podría venírsele encima.

¿POR ESO SE FUE BONO DEL GOBIERNO?

Otro que tal baila es el portavoz parlamentario del Grupo Popular, Eduardo Zaplana, que anda desesperado por negar cualquier vínculo con el constructor y despeja balones hacia su amigo periodista, ex director de RTVE y ahora alto cargo de Telefónica, José Antonio Sánchez.

Pero lo de Zaplana es punto y aparte. Una firma y una chapa, en el argot militar, le persiguen. La sombra de El Pocero es alargada, y se proyectó en los despachos enmoquetados de un Ministerio de Trabajo capitaneado por el de Cartagena.

Era el año 2002 y Carlos García Cano decidió hacerle un regalo a su consuegro. Nada de extraño para quienes mantienen una excelente relación. Pero la cosa cambia si resulta que García Cano, por aquellas fechas, era jefe de gabinete del subsecretario de Trabajo, Marino Díaz Guerra, y su consuegro, Hernando Contreras.

El cargo del Ministerio había emparentado con el constructor tras la boda de su hija con uno de los hijos de El Pocero. Aprovechando la situación, ¿por qué no recompensar a un hombre que había conseguido una fortuna a base de esfuerzo?

PERIPLO POR LOS AYUNTAMIENTOS DE MADRID

A todas luces, fue García Cano quien inició la tramitación para la concesión de la Medalla al Mérito en el Trabajo para Hernando el 18 de noviembre de 2002. Su jefe inmediato, Díaz Guerra, se encargó de "mover" el asunto. Poco importaba que chirriase el hecho de que un cargo ministerial promoviese una concesión, y de que el expediente, según parece, apenas abarcase poco más que el currículo del constructor. La palabra incompatibilidad no se asomó por Trabajo.

Por lo demás, la historia es conocida: la concesión aparece publicada en el BOE con fecha de 27 de marzo de 2004 tras haber sido firmada por Zaplana el 19 de marzo, apenas cinco días después del batacazo electoral del PP y a ocho de los atentados de Madrid. Hay quien asegura que el ministro rebajó las tintas de la petición de García Cano.

"Mi consuegro se lo merece todo", debió de pensar. Y pidió la medalla de oro. Zaplana, más prudente, sólo se avino a concederle la de plata.

Cualquier partido, cualquier ministerio, es un patio de porteras. La concesión llegó a oídos de dirigentes del PP y cayó como una bomba en los Ayuntamientos de Boadilla del Monte y Villaviciosa de Odón. Allí, los populares todavía recordaban las andanzas de Hernando a mediados de los '80 y principios de los '90.

MALOS PRECEDENTES

Las amenazas a Aquiles Aparicio por el cierre de la planta hormigonera de Hernando en Boadilla; el acoso a la alcaldesa Pilar Martínez; la creación de un partido, Renovación Democrática, financiado por Hernando para apoyar sus intereses en Villaviciosa... y la declaración de persona non grata al constructor, su condena judicial,...

De Villaviciosa y Boadilla, El Pocero salió trasquilado. Después se reharía de nuevo, con el apoyo de otros alcaldes populares como Ricardo Romero de Tejada en Majadahonda y Bonifacio de Santiago en Las Rozas. Al menos, eso es lo que afirman algunos peperos en voz baja.

A 36 kilómetros de Madrid se ubica Seseña. Esta localidad toledana se encuentra en pleno trazado de la carretera de Andalucía. Enclavada en la llanura de Toledo, el origen de este municipio parece remontarse históricamente a un pequeño poblado prerromano.

Hace casi setenta años, los duros combates de la Guerra Civil dañaron seriamente el pueblo. Los equipos de reconstrucción de la posguerra levantaron Seseña Nuevo, un enclave provisional para realojar a la población mientras el núcleo histórico era vuelto a edificar. Hoy día ambos conviven, y, como entonces, otros equipos de obreros han llegado a Seseña para levantar una Las Vegas en versión toledana.

LA NECESIDAD DE AGUA

Un buen día Hernando fijó su vista y comenzó a edificar. La moda de los adosados saltó de Valdemoro y Pinto hasta Seseña. Pero, ¿por qué quedarse sólo en eso? ¿Por qué no construir una ciudad residencial que supusiera la culminación de su carrera y un autohomenaje?

Al fin y al cabo, Hernando estaba acostumbrado a bregar con ayuntamientos y ladrillos, aunque sus métodos no fuesen –dicen- muy éticos. ¿Qué iba a parar a un hombre hecho a sí mismo, al chico de Tetuán y Vallecas, al protagonista de un Viaje al fin de las alcantarillas en las que había visto, según su biografía oficial, desde fetos a cadáveres y todo tipo de despojos?

Consiguió los permisos y se puso manos a la obra. Tanto la Junta castellano-manchega (Bono, ¿recuerdan?) como el Ayuntamiento, entonces con el PSOE al frente, dieron su bendición al proyecto. El reclamo era hacer una ciudad dormitorio de Madrid en Toledo.

Para ir ahorrando tiempo, Hernando se puso manos a la obra. Primero, el ladrillo, después, el resto. O sea, las infraestructuras. Quienes se han acercado hasta allí no dudan en decir lo mismo: "Es un erial, un desierto, no hay nada". No resulta agradable andar por aquellos andurriales con este tiempo, con el Sol cayendo a plomo y sin una gota de agua.

UN ENCLAVE EN EL DESIERTO

Ahí está el principal problema de la megalópolis de El Pocero: en el agua. El constructor arrastra ya una denuncia del Canal de Isabel II por un presunto robo de agua en Aranjuez. Allí, las cisternas llenan sus depósitos y ponen proa a las obras de Seseña.

Sin este suministro, no se puede construir. Uno de los compromisos con la Junta pasaba por garantizar el agua si Hernando construía dos mil viviendas. Las 13.500 de su residencial superan con creces esa cifra, pero el agua sigue sin llegar a El Quiñón, donde se ubican los edificios.

En los primeros seis meses de 2007 deberá comenzar la entrega de los pisos y el abastecimiento hidráulico no está asegurado. Y esto le pone nervioso a Hernando, que según ABC (el mismo diario en el que se hablaba de "una enorme caja fuerte del tamaño de un vestidor" repleta de "cintas de casete con grabaciones" en dependencias empresariales del constructor), ha enviado una carta a José María Barreda instándole a cumplir su compromiso.

Si a esto se suma la hostilidad del alcalde actual, Manuel Fuentes, y la campaña de IU, que ha llevado el asunto hasta la Fiscalía Anticorrupción, más la irrupción en tromba de la prensa, se comprenden las prisas de Hernando. Veremos en qué para este asunto que, desde luego, va a dar mucho que hablar. Y que escribir.

Una revelación de Valdeorras

As Sortes 2005                                                                         
Bodega: Rafael Palacios
D.O.: Valdeorras
Tipo: Blanco

Al este de Galicia, bañada por el río Sil y flanqueada por cadenas montañosas, se extiende la denominación de origen Valdeorras, donde las viñas crecen en las laderas de las sierras, a una altura muy superior a la de los pueblos del valle. En esta tierra, donde desde hace treinta años se ha realizado un gran esfuerzo por recuperar las variedades autóctonas, crece una de las uvas blancas españolas más peculiares: la godello, una variedad unida ya al nombre de Rafael Palacios. Su preferencia por los terruños pobres y montañosos (las sortes de Valdeorras, pequeñas parcelas sorteadas en las testamentarias, emplazados en Val do Ribei) y, sobre todo, su pasión por hacer un gran blanco nos han regalado este vino de carácter y personalidad propia.

Rafael -hermano del laureado Álvaro Palacios, el creador de L´Ermita en Priorato y un miembro más de la larga estirpe de viticultores riojanos que es la familia Palacios- ha juntado 12 pequeñas parcelas para reunir 10 hectáreas y media y extraer a la uva godello su relieve frutal, finura, delicadeza y tacto graso en la boca.

El más pequeño de los Palacios, que ya logró el premio Sibarita al Mejor Vino Revelación con As Sortes 2004 (una creación que recordaba más a las cuestas del Rheingau que al mundo del vino español), ha sorprendido de nuevo tras hacer uno de los blancos más interesantes de Rioja (Plácet) en la bodega familiar de Herencia Remondo.

La nueva añada confirma y supera con creces su excelente inicio en los viñedos altos y casi abandonados de la región. Para algunos, As Sortes 2005 es el varietal más conseguido hasta la fecha, con notas cítricas, fruta blanca (pera), fondo de hierbas y una excepcional boca con volumen, relieve frutal y gran profundidad. Un vino con carácter que se disfruta mejor si no se sirve helado (a unos 8 o 10º), que acompaña a la perfección platos de pescados con salsas ligeras o incluso cocinas orientales. Se conserva bien en la bodega durante tres o cuatro años.

Precio: 24 euros

EL NUEVO CARNÉ POR PUNTOS

El carné de conducir por puntos está en vigor desde el 1 de julio. Esta modalidad otorgará a los conductores doce puntos (ocho si son noveles con menos de tres años de experiencia) y sancionará a los malos conductores y a los irresponsables con un descenso de puntos en función a la infracción cometida. La filosofía de este nuevo permiso de conducir es otorgar al conductor un "título de confianza". La pérdida de todos los puntos conllevará también la pérdida del permiso de conducir, por lo que tendrá que superar un curso de reeducación junto con una prueba teórica en la Jefatura Provincial de Tráfico para obtener un permiso de ocho puntos.
El carné de conducir no cambiará físicamente, y la pérdida de puntos no será instantánea, sino sólo cuando haya una sanción firme, es decir, cuando pase un mes desde la fecha en la que el conductor recibe la resolución que le comunica la sanción impuesta y los puntos que se descuentan.

El nuevo permiso de conducir por puntos no excluirá las sanciones económicas, así pues, dependiendo del tipo de infracción, la multa podría oscilar entre los 91 y los 300 puntos para infracciones graves y 301 a 600 para las muy graves. No obstante, la ley prevé también un premio para los buenos conductores, y si durante tres años el conductor no ha cometido ninguna infracción, se le otorgarán dos puntos y si transcurren otros tres años cumpliendo la ley, obtendrá otro punto más llegando a un total de 15 puntos como máximo.

Sanciones

Las infracciones más graves que suponen la pérdida de seis puntos incluyen conducir con una tasa de alcoholemia superior a 0,5 gramos por litro de sangre; bajo los efectos de las drogas; circular de forma temeraria o en sentido contrario; negarse a realizar las pruebas de alcoholemia; superar los límites de velocidad de la vía en un 50 por ciento, siempre que sea en al menos 30 km/h más; y exceder en más de un 50 por ciento el tiempo de conducción para los profesionales, entre otros.

Se restarán cuatro puntos, si el conductor circula con una tasa de alcohol superior a 0,25 gr/l e inferior a 0,50; si se supera la velocidad de la vía en más de 40 km/h; si se arrojan objetos por las ventanillas; si se excede la ocupación del vehículo en un 50%; si se salta un 'Stop', un semáforo en rojo o una prioridad de paso; si se adelanta poniendo en riesgo la vida de los demás; si se circula marcha atrás en autopistas o autovías; si no se respeta la señal de un agente; si se impide un adelantamiento acelerando; o si se conduce sin la licencia adecuada.

Asimismo, se perderán tres puntos en el caso de sobrepasar entre 31 y 40 km/h la velocidad límite de la vía; cambiar de sentido sin cumplir las normas; no mantener la distancia de seguridad; no ponerse el cinturón o casco; y usar el teléfono móvil o auriculares.  

Conllevará la pérdida de dos puntos, los estacionamientos peligrosos o en los carriles de transporte públicos; el uso de detectores de radares; no llevar las luces obligatorias o hacer un mal uso de ellas; llevar a un menor de 12 años como pasajero en una motocicleta; y superar entre 21 y 30 km/h los límites de la vía.

Recuperando los puntos perdidos

Los conductores que pierdan puntos podrán recuperarlos a través de cursos de sensibilización, que versarán sobre temas como accidentes de tráfico, alcohol, drogas y somnolencia. Los cursos serán de dos tipos: recuperación parcial de puntos y recuperación del permiso de conducir por pérdida total de puntos. El objetivo de ambos cursos es sensibilizar a los conductores infractores sobre las consecuencias de los accidentes y reeducar los comportamientos y actitudes de los participantes hacia la cultura de la seguridad vial. Tras superar estos cursos el conductor que hubiera sido privado de la licencia por sentencia firme podría volver a conducir.

Los cursos de recuperación parcial de puntos durarán 12 horas dedicadas a formación general (siete horas), reflexión y debate en grupo (una hora), y formación individualizada para cada infractor en función de sus particularidades (cuatro horas). Estos cursos servirán para recuperar hasta cuatro puntos, una vez cada dos años, o cada año si es conductor profesional.

En cuanto a los cursos para recuperar el permiso de conducir, la duración es de 24 horas repartidas en 14 horas de formación general, dos horas de dinámica de grupos, y ocho horas de formación individualizada. Los conductores que hayan perdido la licencia deberán superar la prueba de control de conocimientos, que versará sobre las materias de los cursos. Si se suspende la prueba, tendrán derecho a presentarse nuevamente hasta un máximo de dos ocasiones, pero antes deberán pasar un curso formativo de cuatro horas.

Por supuesto, el coste de los cursos, de unos 170 euros, correrá a cargo del infractor, y los centros donde se impartan deben contar con la acreditación del Ministerio del Interior, y en el caso de las comunidades autónomas con competencia en tráfico, éstas determinarán el número de centros y la distribución geográfica. Los formadores de los cursos deberán tener tres años de experiencia en formación de conductores.



Aristraín, segundo accionista de Arcelor: “El consejo ha actuado como una empresa pública y debería dimitir”

 

 

El español José María Aristraín, el principal accionista privado de Arcelor con el 3,7% del capital (sólo superado por 5,6% del Estado luxemburgués), se muestra muy duro con la actitud del consejo de la siderúrgica europea. En declaraciones en exclusiva a El Confidencial, acusa a dicho consejo de actuar “con modos propios de la empresa pública” y dice que “debería dimitir en pleno”. Ayer, el consejero delegado, Guy Dollé, anunció que renunciará a su cargo en cuanto culmine la fusión con Mittal.

Precisamente, Aristraín ha sido uno de los socios más combativos y el principal artífice de que finalmente Arcelor vaya a fusionarse con Mittal y no con la rusa Severstal, después de que la compañía angloindia haya elevado un 10% el precio de su oferta. De hecho, la semana pasada envió una carta al consejo en la que se oponía a la fusión con la rusa y pedía el relevo tanto de Dollé como del presidente, Joseph Kinsch.

Al final, sus tesis se han impuesto. El empresario español considera “impresentable que Mittal fuera el demonio hace una semana y ahora sea un dios. En la gestión de una empresa hay que ser coherentes, y no puede ser que te pliegues un día a uno y dos semanas después te pliegues a otro”, añade.

Lo que más le ha molestado es la actitud hostil de Kinsch y del consejero español Gonzalo Urquijo ante Lakshmi Mittal. “Cuando llega una OPA, no hay que atacar al comprador, sino ponerle las cosas claras y llevarle a tu terreno. En vez de eso, el consejo le negó a Mittal hasta la palabra y se echó en los brazos del primero que acudió a pescar en río revuelto, que fue la empresa rusa como podía haber sido cualquier otro”, explica Aristraín.

Su conclusión es que “el consejo de Arcelor no ha cumplido su obligación de defender a su accionista, que es el que merece una prima, y pretendía regalar la compañía a alguien que no conocía de nada (Severstal)”. Por eso cree que debería haber una depuración total, ya que los actuales gestores han sido nombrados por los Estados francés, luxemburgués y español, y rigen la compañía con “modos de la antigua empresa pública”.

Sin contemplaciones

Y es que en el consejo de Arcelor se sientan personajes tan variopintos como el príncipe Guillermo de Luxemburgo o el sindicalista español Manuel Fernández López Lito. Aristraín no se anda con contemplaciones en este punto: Kinsch, procedente de la antigua Arbed de Luxemburgo, “tiene 73 años y no tiene un duro en la empresa, lo mismo que Dollé”, quien fue nombrado por la francesa Usinor.

Tampoco tiene pelos en la lengua a la hora de referirse a los consejeros procedentes de la antigua Aceralia: “¿Qué pintan José Manuel Álvarez Rendueles, que ya tiene 71 años, y Javier de la Riva? Fueron nombrados para gestionar la transición de Aceralia cuando se integró en Arcelor, pero su presencia ya no tiene sentido”. Y de Urquijo dice que “es el primero que tenía que irse, y eso que yo le nombré, porque se ha plegado totalmente a los designios de Kinsch”.

Preguntado por la renuncia de Dollé, responde que “le queda algo de orgullo francés y había sido relegado por Kinsch y Urquijo en el asunto de Severstal; ahora que estos dos se vuelven atrás, él prefiere irse”.

El anterior Gobierno del PP tampoco se libra de sus críticas, en este caso por haber dado todo el poder a Arbed en la fusión y no haber fijado un precio mínimo para esa toma de control. “De ahí viene el desastre actual”, sentencia Aristraín. Para arreglarlo, propone que Mittal, que tendrá cerca del 45% de la nueva compañía, acometa la formación de un nuevo consejo con independientes y con ejecutivos escogidos por su valía, no en función de su procedencia y de las cuotas de poder que actualmente se reparten España, Francia y Luxemburgo.

Una vida apasionante

José María Aristraín es un empresario poco conocido, pero con un pasado apasionante. Vasco de nacimiento, fue el español que más pagaba a Hacienda a finales de los 70, cuando se hicieron públicas las listas de contribuyentes. Amenazado por ETA y obsesionado por la seguridad, según sus allegados, siempre va con guardaespaldas y reparte su residencia entre Madrid y Ginebra.

Su posición en la industria siderúrgica proviene de su padre, que creó un imperio y murió en un misterioso accidente de aviación a finales de los 80. El grupo Aristraín se integró en Aceralia junto a las antiguas compañías públicas Altos Hornos de Vizcaya y Ensidesa. El 11% que tenía en el capital del nuevo grupo se diluyó hasta el 3,7% con la integración de Aceralia junto a Arbed y Usinor para formar Arcelor.

Desde las mejores cepas de Ribera del Duero

 

Procedente de uno de los mejores viñedos de toda la Denominación
de Origen Ribera del Duero, en Boada de Roa, la comarca más alta de la zona de producción, les presentamos Montegaredo Roble 2005.

Un tinto con una estudiada crianza de cuatro meses en barricas de roble francés y americano elaborado, exclusivamente, con la variedad reina del viñedo nacional: la Tinto Fino o Tempranillo.

Con una excelente relación calidad-precio, 6,65 € por botella, este vino ha sido vinificado en la piramidal Bodegas y Viñedos Montegaredo, una casa elaboradora que atiende a concepciones telúricas para buscar el mayor sosiego y tranquilidad en la evolución armónica de sus vinos con la naturaleza.

Su carnosidad, su amplitud de sensaciones y su magnífica intensidad aromática lo convierten en un vino indispensable en su bodega. No se lo pierdan.