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EL BLOG DE PEDRO

Apostar todos los ahorros a un 6%

El martes por la mañana Jorge Bellido, un empresario vizcaíno que por recomendación había depositado una gran cantidad de dinero en Afinsa, volvía en ferrocarril de una visita profesional cuando sonó su móvil. Era un familiar: “Afinsa ha hecho crack”, le comunicó secamente. “En ese momento, el tren en el que viajaba entró en un túnel y me quedé sin cobertura. Comencé a pensar que esto era un desastre, que los dueños habían cerrado todo y se habían fugado”, explica, “pero por la tarde fui a la sede de la compañía en Bilbao y al hablar con los empleados me di cuenta de que ellos estaban tan destrozados como nosotros”. Como él, cientos de miles de afectados viven estos días con una mezcla de incertidumbre, indignación y tristeza.

 

                             

Jorge había invertido una cantidad considerable (unos 80.000 euros) en varios productos de Afinsa y no termina de creerse todo lo que está ocurriendo: “No entiendo que se haya podido viciar un mercado entre dos empresas y un puñado de personas”. Ahora sólo piensa en cuál será el futuro de su inversión: “La suerte dependerá de la presión social que ejerzamos. Jurídicamente no hay un fondo que nos proteja, pero en casos como el de la PSV o el de los astilleros, el Estado pagó, ¿por qué no lo va a hacer ahora?”

La mayoría de los afectados por la intervención judicial tienen poco en común con Francisco Guijarro Lázaro, el proveedor de Afinsa, al que se le encontraron 10 millones de euros en un zulo ubicado en un impresionante chalet de la exclusiva urbanización La Moraleja, en las afueras de Madrid. O con los lucrativos negocios de Francisco Briones Nieto, factotum de Fórum, o de Albertino Figueiredo, presidente honorífico de Afinsa, que crearon todo un imperio en torno a estas compañías.

Estos casos son poco parecidos a los de Antonio C. S. y Manuel C. L. , padre e hijo e inversores en Fórum: gente corriente no muy acostumbrada a realizar inversiones que un día decide colocar sus escasos ahorros en productos que les puedan dar una alta rentabilidad, asesorados únicamente por familiares o conocidos en muchos de los casos.

La supuesta estafa piramidal ha dejado afectados en toda España. “Esto es como una lotería de ida y vuelta e igual que el dinero llega volando, puede marcharse a toda velocidad”, afirman Antonio y Manuel resignados y haciendo un paralelismo con su propia historia: “A nosotros nos tocó un dinero en la lotería y lo que nos sobró después de los típicos arreglos lo invertimos en sellos”.

La ventaja del boca-oreja

Una de las características del sistema de negocio de Afinsa y Fórum era su modo para darse a conocer, basado en gran medida en el boca-oreja: cuando alguien contrataba sus inversiones en filatelia, solía contarlo entre amigos y familiares con la satisfacción de haber descubierto una inversión segura y rentable, de modo que éstos acababan depositando también sus ahorros en las colecciones de sellos.

Con la utilización de este método se iba creando una cadena en la que los empleados de las empresas, agentes y asesores, que en la mayoría de las ocasiones también eran clientes de las mismas, desempeñaban un papel fundamental. “Un familiar que trabaja en Fórum nos aconsejó que invirtiéramos; nos dijo que los intereses eran altos y que era el sitio perfecto para colocar nuestro premio de la lotería; él mismo tenía su dinero invertido”, continúa explicando Manuel, mientras permanece junto a la puerta de la compañía sin saber muy bien qué hace esperando allí.

Muchos de los inversores en filatelia nunca llegaban a ver los sellos que compraban: aunque podían llevárselos a casa en el momento de comprarlos, la mayoría prefería aprovechar la oportunidad que le ofrecían las compañías para guardar las estampas en sus propios almacenes. “Nosotros nunca vimos los sellos”, confirma Antonio, “aunque la empresa nunca nos había fallado y siempre habíamos cobrado”.

“Esto se irá a la quiebra”

La posibilidad de obtener una alta rentabilidad en un corto periodo de tiempo fue el reclamo que atrajo a muchos inversores hacia Afinsa y Fórum. Claudia Sánchez, una inmigrante peruana que lleva “ya mucho tiempo” en España, responde a este perfil. Ella decidió colocar sus ahorros en Afinsa cuatro años atrás para que su hijo “tuviera una vida mejor”. Rodeada de otros afectados frente a la sede madrileña de la sociedad, en sus palabras se refleja una desazón compartida: “Aquí sólo se frustra uno más. Ayer [por el miércoles] no vine, pero después de oír en la televisión que se estaban preparando unas listas de afectados he venido para apuntarme”. Claudia expresa en voz más baja su principal temor, una preocupación que se repite entre la totalidad los ahorradores: “Si todos empezamos a cobrar, esto se irá a la quiebra y posiblemente no llegue el dinero para todos”.

Aunque muchos de los afectados han comenzado a organizarse en plataformas, otros se han dirigido ya a despachos jurídicos para asesorarse acerca del camino que deben seguir. Carlos Valiente, un directivo vinculado al mundo de la inversión y los seguros desde hace más de 20 años, explica el complicado proceso legal al que los ahorradores tendrán que hacer frente: “Deben acudir a un gabinete jurídico para luego poder reclamar en masa con otros afectados. Además, deben acudir al notario para otorgar unos poderes generales y otro especial con el que gestionar el caso particular de Afinsa o Fórum, dependiendo de la persona, y allí aportar todos los datos necesarios, como números de expediente y fotocopias de contratos”.

Valiente reconoce que “situaciones como ésta dañan a todas las empresas que sí pasan los controles oficiales”. Antes de despedirse extiende una recomendación para todos aquellos que estén pensando en emprender algún tipo de inversión: “Exigir a la compañía en la que se esté pensando en invertir la documentación pública en la que se compruebe que algo como lo ocurrido no puede suceder”. Trámites públicos tan sencillos como éste podrían evitar que en el futuro otras personas vean cómo desaparecen sus ahorros con la misma rapidez con la que se pega un sello de correos.

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